El bar está a 100 metros, pero la música no los deja dormir

Más de 50 dueños e inquilinos de un edificio del centro de Roca reclamaron al municipio mayor eficiencia en el control de ruidos molestos.

En particular cuestionan el funcionamiento de un bar, que usa parlantes de gran tamaño y hace imposible el descanso los fines de semana.

La nota fue firmada por vecinos que habitan o trabajan en el edificio Rucapel, ubicado en Mitre 810, quienes explicaron que los inconvenientes sonoros comenzaron a principios de marzo del año pasado, cuando el local de San Martín y Avenida Roca decidió abrir sus puertas.

“Cuando me acerqué a hablar con los dueños del local, era imposible hablar con ellos por el volumen que tenían esa noche. Se van a quedar todos sordos”, comentó Roberto Brage, propietario de uno de los departamentos del edificio.

La torre está a 100 metros del comercio, pero en el medio está la plaza San Martín y ese espacio abierto hace que el ruido llegue sin interferencias, sobre todo a los sectores más altos del edificio.

Luego de reiterados reclamos al municipio, y diálogos con los comerciantes los vecinos lograron que cambien solo la ubicación de los altavoces, pero el problema persiste. Los ruidos molestos constituyen una contravención cuya regulación es competencia del municipio.

Es por esto que desde la Dirección de Medio Ambiente realizaron en octubre del año pasado estudios técnicos pertinentes para la medición acústica. Esa prueba se hizo desde un departamento del octavo piso del edificio y la conclusión fue que existía una contravención a la norma IRAM 4062/16, arrojando cifras que se estipulan dentro de los ruidos molestos.

En una nota remitida desde Medio Ambiente en ese momento, se aseguró que los dueños del local debían presentar un proyecto de adecuación acústica y además debían “abstenerse de provocar cualquier tipo de actividad que genere ruidos molestos en el horario de 22 a 8”.

Sin embargo -y a pesar de que semanas atrás hubo una clausura por un breve período- durante todo este verano los problemas continuaron y por eso ahora, con carácter preferente y urgente, desde el consorcio exigieron la adopción de medidas para lograr un aislamiento acústico desde el local, que no permita filtraciones sonoras.

“Hay una contaminación sonora tremenda los fines de semana. Los parlantes apuntaban antes al edificio, hoy lo tienen dentro, pero no está acustizado”, expuso el hombre.

El edificio cuenta con once pisos, albergando cinco familias cada uno. Los vecinos afectados son quienes se encuentran en la cara norte del inmueble, con inconvenientes los fines de semana, desde la medianoche hasta las 6 de la mañana que cierra el pub.


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