César Lefiñanco: un trotamundos de raíces bien definidas

Músico, más bien pianista, y sobre todo entusiasta. Desde sus estudios en Roca hasta las presentaciones en el mundo, Cesar siempre hace foco en la música de su tierra.

Muchas veces, los mejores recuerdos provienen de las épocas de niñez. Quizás envueltos por las responsabilidades y los problemas, los adultos añoran retornar a esa época en la que la diversión era más importante que cualquier otra cosa.

Cesar Lefiñanco, reconocido pianista oriundo de Roca, es uno de los que recuerdan esa etapa. Sin embargo, no se queda en la melancolía cuando habla de su etapa inicial en la música. Al contrario, agradece cada etapa de formación y se muestra orgulloso de haber tenido la posibilidad de estudiar música en su propia ciudad.

Con apenas 10 años, Cesar comenzó a incursionar en el mundo del piano. “Empecé en Roca, en el IUPA, y fue allí donde hice toda mi formación académica. Hice la carrera que al menos en aquel momento era hasta 10 años. Me recibí en séptimo y después de décimo, pero estuve en Roca hasta los 27 o 28 años más o menos. Ya pasaron como 10 años, me estoy dando cuenta ahora (risas)”, recuerda el músico con evidente alegría.

Esa misma formación, y la suma de distintas apuestas personales, lo llevaron a recorrer varios países. Siempre, claro está, con la música como conector.

“Visité varios lugares que me resultaron muy interesantes, y eso se lo debo a la música. Han sido puertas que se abren como para poder mostrar mínimamente lo que uno viene desarrollando. Hay gente que de otros lugares quizás se siente conectada con lo que uno hace, y así se van generando vínculos, incluso más allá de lo artístico. Yo me muevo de manera independiente cuando hago estos viajes, no respondo a intereses institucionales, entonces te da un vínculo mucho más cercano con aquellos que te proponen viajar o llevar tu arte a otros lados. Y a partir de ahí crecés y profundizás lo que venís desarrollando, además conocés otros mundos muy distintos al que vivimos nosotros”, explica el roquense.

Inmediatamente, surge una duda. ¿Cuánto de lo que hoy es se debe a lo teórico y cuanto a todo lo que se incorpora viajando?

Responde, sin tapujos, Cesar: “Si bien yo terminé mi carrera académica y formal allá en Roca, mucho de lo que me abrió puertas afuera no tiene que ver tanto con eso, sino con aquella música por la que uno se siente atraído desde otro lugar, conectando desde lo emocional o cultural. O de una raíz que tiene que ver con una cultura de los pueblos originarios: mi apellido por ejemplo es de raíz mapuche.

Quizás todo el bagaje que empezás a tener no tiene tanto que ver con lo académico, sino con lo vivencial y con empezar a articular cosas que uno aprendió y después te encontrás con cosas muy diferentes en la realidad. Yo me dedico mucho ahora a la música argentina, y es muy loco porque evidentemente hay una gran necesidad de poder profundizar en esta música. Y nosotros venimos de una base europea, pero interpretamos nuestra música con un código diferente al que nos enseñan”.

Las raíces son un hilo en cada respuesta. Es orgulloso de su tierra, de sus orígenes. Y siempre que puede, intenta volver. Porque será un trotamundos, pero las raíces no se cambian por nada.

 

“Después de un tiempo, el bagaje no tiene tanto que ver con lo académico, sino con lo vivencial”.

Siempre se vuelve a la ciudad…

Cesar no esquiva el bulto a la hora de hablar sobre sus pasos por Roca. “Por lo general cuando voy me encuentro con los míos. Ahora llevaba como 2 o 3 años, y aproveché este verano para ir y compartir con mi familia”, explica el pianista.

Al mismo tiempo afirma que “voy al río, conecto un poco con la parte natural que me ha inspirado mucho. Tratás de vincularte con gente que ande en el mismo camino. Ahora estuve un mes, pero a veces por trabajo puedo estar una o dos semanas”.

Para el final, afirmó que “me gustaría volver, presentar algunas de las cosas en las que vengo trabajando, algunos proyectos”.

2 lugares especiales para Cesar

“En los países latinoamericanos tuve recuerdos sanos, porque estamos todos en la misma búsqueda y lo que nos conecta son las raíces. Hay una empatía musical”.

“En EE. UU. me tocó una universidad de raíz afro, donde nació un grupo grosso de jazz a nivel mundial. Ahí conecté con las raíces, porque pude compartir nuestra cultura con ellos”.

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