Río contaminado: “un espejo en el que nos tenemos que mirar”

¿Por qué maltratamos a nuestro río?

Por Renán Urdinez*

Tengo dos miradas: una es como usuario y deportista que desde hace muchos años disfruta de la naturaleza, el río y las bardas. Voy desde que era joven y tengo una perspectiva de tiempo, de haber visto cómo cambiaron muchas cosas.

La otra mirada es profesional. Soy bioquímico y me dedico específicamente a hacer análisis de agua y de efluentes.

Como usuario siento que el fin de semana pasado, con la campaña de limpieza, lo que quedó fue un espejo. Y ahí nos tenemos que mirar. ¿Y qué veo en ese espejo? Que somos parte de una sociedad decadente y mugrienta.

Hay quienes dicen que se trata de un problema de educación y que en dos o tres generaciones tal vez se logre revertir. Pero soy totalmente escéptico ante esas afirmaciones.

La realidad es contraria. Ensuciamos mucho más ahora que hace 20 ó 30 años, cuando había otro grado de conciencia y de compromiso social. No existía este grado de desidia que vemos en este momento. Hemos retrocedido.

La imagen que surgió de la campaña es que vivimos entre la mugre y lo naturalizamos. Desde el punto de vista profesional, debo decir que es un hecho que el agua del río sufre una contaminación “invisible” pero presente, que es la microbiológica, producto de la carga orgánica por tanto vuelco de efluentes cloacales de todas las ciudades.

El Valle ha crecido demográficamente y las plantas de tratamiento no han acompañado ese desarrollo, entonces el vuelco cada vez mayor de efluentes hace que en este momento el río tenga un cierto grado de contaminación.

No es un nivel alarmante ni irreversible, pero sí existe una contaminación que hace 10 ó 15 años no estaba.

Nuestro río tiene dos ventajas: es caudaloso y además viene de aguas de la cordillera, que son frías y con mucha cantidad de oxígeno disuelto, que actúa como oxidante de la materia orgánica en el agua.

Por eso se degrada naturalmente. Se trata de una alta capacidad de autodepuración, pero todo tiene un límite. Si lo contaminamos en forma permanente, perderá esa capacidad y los problemas serán mucho más graves.

¿Quiénes tienen que intervenir? Creo que de la misma manera que hubo una degradación cultural, también hubo en estos últimos años un gran cambio en la conciencia del cuidado del medio ambiente por parte de la sociedad.

La gente se involucra, opina, se mete y esa presión social genera cambios a nivel político, donde ahora se incluye a la cuestión ambiental en la agenda.

En conclusión, nos rasgamos las vestiduras porque las plantas de tratamiento de líquidos cloacales funcionan mal o son insuficientes y nos preocupamos porque el vuelco crudo contamina, pero pasan las botellas o los pañales flotando y a eso no le damos importancia.

La contaminación macroscópica, que es lo que juntamos el fin de semana, tiene que ver con el individuo. No tiene que ver el Estado, provincial ni municipal. No podemos reclamarle a los gobiernos limpiar el río, porque el problema no es juntar la mugre. El problema es no generarla.

Ver nota relacionada: «El Estado es cómplice de la contaminación del río»

*Bioquímico especialista en análisis del agua y de efluentes.

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