«Que los radares no sean una carga más para la gente»

La tan anunciada llegada de los radares a Río Negro nos obliga a abrir los ojos. No por sospechas de antemano sino por la mala imagen que tienen los radares en el país, sobre todo en algunas provincias donde es la única fuente de recaudación para un montón de municipios. Sólo eso, recaudar y recaudar.

Los radares tienen un fin aleccionador y buscan, en la teoría, preservar vidas, evitar excesos y respetar normas. Superada esas instancias, lo que más se vio en el país fue el objetivo recaudador, casi voraz de estos mecanismos que en muchos casos tenían siempre detrás no a una empresa que supiera de tránsito y de cumplir reglas, sino un estudio jurídico que repartía ganancias con las comunas.

Tanto es así que la propia Agencia de Seguridad Vial del país tiene los formularios disponibles para los usuarios que son multados por radares no autorizados y en rutas donde los habían prohibido expresamente.

Aún así, sobre todo en el norte argentino, siguen funcionando y multando incautos, porque un alto porcentaje de automovilistas pagan su multa como si de verdad fuera lo correcto.

No planteo una rebelión de automovilistas, sólo creo que será necesario mirar bien que cada empresa designada para operar estos aparatos cumpla con todas y cada una de las exigencias. Y eso es tarea del Estado como responsable de ceder esa potestad. Habrá que exigir seriedad y que todo lo que se le exige al automovilista se haga con lealtad, que las multas sean creíbles, que sean reales.

¿Por qué planteo esto?. Porque me ocurrió hace un par de años recibir una multa de un municipio norteño, que efectivamente mostraba la foto de mi vehículo y me atribuía una infracción a una velocidad que no iba, pero lo que es peor, se había labrado en día y horas diferentes a las que yo pasé por ahí. Es decir, fotografían a todos y después multan al azar.

Eso es lo que no debe ocurrir. Hay que exigir la cartelería obligatoria de la presencia de radares, hay que pedir que estén validados por nación, homologados y que no estén escondidos debajo de un árbol como si fueran cazadores furtivos.

Que no se conviertan en una carga más para la gente en un año donde los alimentos, la luz, el gas, el transporte y las naftas se fueron por las nubes.

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