Opinión: El virus tiñe el mapa de la provincia

Los contagios van tiñendo el mapa de la provincia a un ritmo acelerado. Las camas de hospitales y sanatorios se colman de pacientes que precisan atención. En los hoteles hay cientos de personas con síntomas leves y muchos otros permanecen aislados en sus casas. Pero el dato más duro es que hay decenas de rionegrinos que murieron y que el servicio de salud está al borde del colapso.

La gobernadora Arabela Carreras arrancó la semana con una posición firme para el Alto Valle, donde el virus transita el eje de la ruta 22 con mayor facilidad que los autos. Se mostró firme en una convicción que se diluyó en cuestión de horas. Interpretó que las caravanas de autos que, a poco de hacerse los anuncios, salieron a protestar en Roca, Villa Regina y Cipolletti eran el botón de muestra de una resistencia popular que era preciso desactivar.

Después de tantos meses de contar día a día los contagios y analizar su incidencia proporcional, esta semana adquirió importancia la cantidad de camas de terapia intensiva disponibles en la provincia, con un dato que, a pesar de que es tan crudo, no sensibiliza a los anticuarentena: los muertos.

Y en cuestión de días comenzará a hacerse evidente lo que las asociaciones médicas del país advirtieron a principios de este mes: la falta de especialistas de terapia intensiva.

Chile tiene toque de queda de 23 a 5, en La Habana prohíben salir de la ciudad, Francia multa con 130 euros a los que no usen tapabocas en las calles y en Alemania prohíben las manifestaciones (“No aceptaré que los negacionistas del coronavirus, ciudadanos del Reich y extremistas de derecha vuelvan a usar a Berlín como escenario”, dijo un funcionario de esa ciudad esta semana).

En Bariloche, donde el sistema sanitario aún tiene resto, algunos turistas encuentran la manera de violar las restricciones. Las reuniones sociales no se detienen.

Las reuniones particulares se multiplican y se transforman en el germen de los brotes. La intendenta de Roca hizo el viernes un reclamo al ministerio de Seguridad de la provincia porque la Policía no interviene ante las desesperadas denuncias de vecinos contra vecinos. Sin entrar en la intimidad de cada hogar, se pueden detectar focos de contagios. Gente sin barbijo por la calle, grupos de jóvenes que comparten una misma botella de cerveza, cervecerías donde la distancia desaparece después de los primeros tragos. Si el Estado no controla, el pedido de responsabilidad individual genera broncas.

No hay que ser muy perspicaz para advertir que a Bariloche llegó gente que no tiene domicilio en la ciudad. Y la foto del ex tenista Gastón Gaudio a bordo de su camioneta del complejo Baguales paseando por la calle Mitre no ayuda a disipar las sospechas.

Los hoteles y complejos de cabañas están cerrados, pero los que llegan a Bariloche en vuelos privados en plan empresarial descansan en algunas de esas habitaciones.

Las camas de terapia intensiva de hospitales y clínicas no estarán disponibles para los que tienen más dinero si el sistema colapsa.

En Cipolletti los médicos lo expresaron con crudeza. La cercanía con Neuquén, cuya oferta sanitaria es utilizada cotidianamente por los que viven del otro lado del río, no garantiza una segura derivación.

Tanto en Cipolletti como en Roca el factor de ocupación en las camas de hospitales y sanatorios se acercan a su tope.

En picada

Las mayores protestas son de los comerciantes, aunque en el discurso se hable de libertades ciudadanas.

La demanda eléctrica de los comercios de la provincia cayó en los primeros siete meses del año casi un 10%, pero si se compara 2020 con 2018 la disminución es de un alarmante 37%, según números oficiales del sistema energético.

El dato muestra la depresión de la actividad mercantil. En cambio, el consumo residencial de electricidad aumentó en estos meses. Es consecuencia del aislamiento que, a pesar de las flagrantes violaciones, muchos rionegrinos mantienen con respeto.

Por: Martín Belvis

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