«El debate que falta en la vida universitaria»

Las cosas no están bien en las universidades. Por una razón u otra, falta presupuesto, los salarios están bajos y para colmo de males todo eso repercute en la vida cotidiana de las casas de estudio en Río Negro.

Hay paros, aulas tomadas, clases suspendidas, viajes frustrados que no se resolverán si no es con dinero y con racionalidad a la hora de las protestas. La vida universitaria incluye bastante del folclore de las tomas y de los paros, pero esta vez la cosa necesita de la intervención política para encontrar la solución.

Lo peor que puede ocurrir es que se frustre el diálogo y que ni a nivel global ni local se pueda dar un paso adelante. Esto viene a cuento de los debates caídos a la hora de analizar los presupuestos de las universidades y la escasa predisposición a discutir en profundidad qué se puede hacer para que las universidades no estén a merced de los presupuestos cortos y lógicamente que los estudiantes puedan tener una carrera previsible.

Tal vez parezca exagerado pensarlo, ¿pero está el país, las provincias, en situación de sostener este sistema en las condiciones actuales?.

La gratuidad debería ser parte del análisis y a decir verdad no tengo postura tomada ni la información suficiente para ponerme de un lado o del otro del pensamiento, pero sí creo que las cosas públicas tan abiertas terminan perjudicando a todos. Tanto que las clases más bajas de la sociedad con sus impuestos también terminan pagando los estudios de los que más tienen.

Cuando se habla de cobrar un arancel suena como el fin de la educación misma. Sin embargo, hay franjas acomodadas de la sociedad que perfectamente podrían tener un rol más abierto y solidario para ayudar a las universidades. Por qué no pensar en aportes voluntarios de los que pueden para ayudar en tiempos de crisis. Porque este escenario no alcanza sólo a las universidades sino a una amplia franja de obligaciones del Estado que están resentidas por falta de recursos.

Es para analizarlo, no será la solución ni creo que el Estado deba sacarse la responsabilidad de encima, pero el aporte voluntario permitiría mantener el carácter público y gratuito de las universidades sin tantos sobresaltos. En otras palabras, que los que pueden y quieran, ayuden.

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