El debate eterno que no resuelve nada

El debate largo, casi eterno, termina por no resolver nada. Se convierte en una dilación sin límites. Y eso pasa con la salud mental en la provincia, tema que de tanto en tanto vuelve al primer plano, según sean las noticias que lo instalan.

El caso Colicheo, hombre que deambuló por años en Roca y murió golpeado y quemado, es el resultado final de un sistema que claramente no funciona.

Primero porque la ley vigente, sancionada en 1991, nunca dejó de estar en debate y segundo porque jamás se evaluó cuánto de efectiva resultó a la hora de tratar a los enfermos que por decenas se multiplican en las calles de la provincia.

En la misma ciudad de Roca deambulan expuestos a todo, porque comen mal, viven mal, son maltratados y porque en definitiva el Estado -llámese políticos, legisladores, dirigentes- nunca terminó de resolver qué espacio les da a estos ciudadanos que están enfermos.

El alcohol es el que manda en la mayoría de estos casos y no alcanza con el tratamiento parcial que reciben hoy. Porque los internan, los tratan por unos días y se van otra vez a la calle. En el caso Colicheo fue peor, porque el mismo se negaba a quedar internado, se escapaba y en definitiva él mismo decidió su suerte.

¿Estaba Colicheo en condiciones de decidir qué hacer en el estado en que se encontraba?. Claramente no, porque ya había tenido incidentes similares y hasta salvó su vida en otro intento de quemarlo vivo.

Demasiado cruel para ser cierto, pero es así. Pasaron más de 25 años de la sanción de una ley que en su momento fue de punta. Pero el escenario de 25 años atrás no es el mismo que el de hoy y eso está claro. Hoy los enfermos mentales deambulan y trasladan sus pesares. Pero el Estado sigue el debate eterno.

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