Editorial: un peligroso caldo de cultivo

La Uocra tiene un frondoso historial de hechos violentos en Roca y ese solo dato debería ser suficiente para activar todas las alarmas por la situación que vive el gremio desde los últimos días en la ciudad.

El freno en la obra pública y la consecuente desocupación aparece como un manto que cubre a todo el sector de la construcción, pero debajo de la superficie germina lentamente un problema mayor, centrado en las disputas internas por el control del sindicato.

El vecino común fue testigo -y en algunos casos padeció- las protestas que se realizaron durante los últimos 15 días, con reclamos orientados principalmente al gobierno nacional por la paralización de los proyectos de la Ruta 22, de las 231 viviendas y de los jardines de infantes en los barrios del norte roquense.

En segundo plano quedó un elemento relevante y es que se trató de manifestaciones con distintos protagonistas. Una parte de los desocupados no sólo pidió fuentes laborales, sino que también hizo graves acusaciones sobre el manejo de la bolsa de trabajo en la ciudad.

A diferencia de la mayoría de las actividades, en el rubro de la construcción las empresas no hacen una contratación directa de todos sus empleados. Antes deben pasar por la Uocra, notificar qué tipo de calificación deben tener los obreros que necesitan, y avanzar luego para poner en marcha a esos empleados que surgen de un listado que administra la conducción gremial.

Y es allí donde está el nudo del conflicto interno del sindicato, porque los desocupados que bloquearon el tránsito en la rotonda de Paso Córdoba la semana pasada aseguran que ese proceso está viciado de principio a fin, con favoritismos a la hora de repartir el trabajo. Incluso hablaron de coimas a dirigentes gremiales, una acusación demasiado pesada como para que en todos estos días ningún funcionario político o judicial se haya ocupado de investigar a fondo.

Así las cosas, el escenario mostró al oficialismo manifestándose el martes en el cruce de Ruta 22 y San Juan, en tanto que los opositores que antes habían estado en Paso Córdoba se trasladaron este miércoles y jueves a la Ruta 6, cerca de la Termo Roca. Allí siguieron con sus denuncias, esta vez centradas en que la conducción del gremio no hace respetar el “80/20” que rige para la contratación de mano de obra local y foránea.

Quienes permanecen desde hace años en el rubro recuerdan que de una forma similar empezó el proceso de la década del 2000, cuando las diferencias entre Alberto Castillo y Daniel Parón se dirimieron a balazos en la ex sede de la calle Córdoba. Y también en el 2012, cuando hubo palos, piedras y detenidos en las oficinas de calle Italia; y en el 2014, cuando el dirigente Mario Soto terminó apuñalado.

Por eso, intervenir a tiempo desde los organismos responsables de regular la vida gremial en la región será decisivo para evitar que las mechas que se fueron encendiendo durante los últimos días deriven en un desenlace explosivo.

  • El freno en la obra pública aparece como un manto, pero debajo de la superficie germina un problema mayor.

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