Editorial: Roca y sus tormentas sin dueño

La credibilidad en las acciones gubernamentales ya venía vapuleada en Roca, antes de conocerse que los números de los informes de la Sala de Situación no coinciden con los reportados en las conferencias de prensa diarias del mismo Ministerio de Salud.

La disputa por el caso que obligó a desinfectar el municipio, el papelón de los terraplenes en los puentes y la tensión durante la visita de los funcionarios nacionales… todos fueron corrosivos para esa imagen de unidad que exhibieron en principio las autoridades de la ciudad y de la provincia.

De manera que interpretar la revelación de las inconsistencias en los datos oficiales de covid-19 como un intento de “confundir a la población y generar miedo, y esencialmente desconfianza” -tal como lo hicieron los legisladores de Juntos Somos Río Negro- no parece una lectura ajustada a los hechos que presencian los roquenses desde las últimas semanas.

En primer lugar, esa aseveración de los legisladores engloba cierto desprecio sobre el trabajo periodístico. Pero más importante que eso es que, en Roca, la desconfianza ya estaba construida desde antes. Y en esa tarea aportaron desde todos los sectores.

La decisión de depositar los problemas propios en un terreno ajeno no es una reacción desconocida para los roquenses. Esta vez simplemente cambió es destinatario de la carga, pero la lógica del procedimiento fue la misma.

Y así fue como se construyó el relato, buscando presentar la difusión de las contradicciones en los informes oficiales como un ataque a los trabajadores del hospital López Lima.

Ya no era un problema del ministro. Era un problema entre periodistas y los empleados de Salud.

Tal vez deberían saber las autoridades del ministerio que, a través de la Asociación Rionegrina de Equipos de Salud, esos mismos trabajadores que ellos dicen defender, quieren decirles desde hace semanas que no coinciden con varias estrategias implementadas. Pero no pueden hacerlo porque no consiguen siquiera una reunión virtual.

Lo negativo para los roquenses es que a medida que tomó temperatura el camino recorrido por el Ministerio de Salud, el municipio también se corrió del centro de la escena.

Está clara la responsabilidad prioritaria del gobierno provincial en las políticas de salud, pero el ímpetu que mostró la gestión local en las primeras semanas de pandemia bajó notoriamente su intensidad la semana pasada.

El municipio no tiene médicos a cargo, no hisopa, no carga datos en el SISA. Pero sí tiene potentes recursos para comunicar medidas, para aportar a la reducción de la circulación, entre otras herramientas a su alcance, y en estas horas aparece con una imagen difusa entre los protagonistas de las acciones preventivas.

No es difícil encontrar la explicación de esa actitud. Si la imagen del gobierno provincial resultó afectada la semana pasada, mejor mirar de lejos la tormenta.

Una conducta que se explica a partir de la convicción de que este proceso termina con ganadores y perdedores.

Un camino riesgoso. Porque fuera de los círculos de poder no son pocos los convencidos de que acá perdimos todos. Y poca empatía tendrá esa masa con aquel que se presente como indemne después del vendaval.

Por Hugo Alonso

halonso@rionegro.com.ar