Editorial: Problemas nuevos, recetas viejas

La pandemia genera aprendizaje todo el tiempo y a todo ritmo.

En Roca el domingo 21 se inició una nueva disputa entre el municipio y la provincia. Menos de 48 horas después ya estaba desactivada, con caminata amistosa por la plaza, fotos distendidas y comunicados amables de la gobernadora y la intendenta.

Un giro vertiginoso, sobre todo del gobierno local, que había iniciado la embestida con el mensaje crítico sobre el manejo de la emergencia sanitaria y el pedido para que Gendarmería controle las calles.

¿Qué pasó en el medio? Muchas cosas, pero probablemente la que más haya incidido fue la reacción de hartazgo de los propios vecinos, expresada con inmediatez en las redes sociales.

Las recetas del pasado, por más recientes que sean, no parecen aplicar para esta crisis.

La palabra destemplada, el uso y abuso de adjetivos, la contraposición de un supuesto coraje local ante la desidia provincial puede haber funcionado en otros tiempos. Pero la pandemia, indescifrable todavía en muchos aspectos, ubicó a todos los dirigentes políticos en una misma vidriera. Y las comunidades esperan soluciones a sus problemas urgentes, interesándose cada vez menos en la pertenencia partidaria de las ideas.

No es tiempo de capitalizar. Es momento, a lo sumo, de invertir. Y no debería sorprender una realidad más compleja: puede ser momento de perder, para que aparezca la oportunidad de reconstruir.

Varias señales de ese tipo aparecieron delante de la gestión municipal en los últimos días.

Las más contundente: los registros de sus ahorros en plazos fijos bancarios.

Si fueron constituidos con notable sentido previsor, para momentos críticos de la ciudad… ¿por qué tanta resistencia a hablar sobre su uso?

Es cierto que nadie sabe dónde está el final de este camino, pero tampoco caben dudas de que si hay un momento para tocar ese dinero, es este.

Empezar a especular sobre cuándo estaremos peor para decidir el instante oportuno para desarmar ese esquema financiero implica un peligroso juego, donde la realidad social puede llevarse por delante en un segundo la imagen de austeridad construida durante años.

Al fin y al cabo, no será la única bandera enarbolada por los gobiernos de su padre y de su hermano que no podrá mostrar la intendenta.

Ellos reprocharon siempre amargamente los endeudamientos provinciales y esta semana el Concejo Deliberante autorizará al Ejecutivo local a tomar el crédito nacional para que ingresen 36 millones de pesos a la ciudad, además de avalar otro préstamo de 8 millones del BICE para sumar vehículos al municipio.

Y si algo faltaba para confirmar que esta realidad no tiene nada que ver con el pasado reciente, la mandataria tuvo que ir al bloque de Juntos para sellar el acuerdo que permitirá aprobar esas ordenanzas, porque el Frente de Todos ya no tiene la mayoría absoluta que gozaron los dos últimos intendentes.

Los problemas son inéditos. Las respuestas que se esperan deben ser innovadoras.

La salida de este laberinto difícilmente será rápida si se usan hojas de ruta escritas en otros tiempos.

Por: Hugo Alonso (halonso@rionegro.com.ar)