Editorial: política con el acelerador a fondo

La coyuntura política jugó a favor de los empleados municipales. Nunca resultó tan fácil ponerse de acuerdo con el gobierno local para la actualización de los salarios.

Dos reuniones, poco más de dos horas de diálogo en total, y las firmas quedaron estampadas sobre un acta que permite creer que este año no habrá pérdidas ante la inflación para los bolsillos de los trabajadores.

Es cierto que también hubo encuentros y contactos informales durante la tarde del lunes, que ayudaron a terminar en tiempo récord las negociaciones.

El acuerdo estuvo cerca de cerrarse en un 18%, pero desde el sector gremial advirtieron que el intendente Soria estaba demasiado interesado en exhibir más allá de Roca una imagen de buen empleador.

Pidieron un punto más y el martes todo culminó con un aplauso cerrado, incluso de los que horas antes acusaban al mandatario local de ser el mejor alumno de Mauricio Macri.

El nuevo esquema salarial no complicará las cuentas del municipio. Y nadie duda que entre los 1.100 empleados hay decenas que merecen el 19% o más para compensar la pérdida de poder adquisitivo.

Pero un costado amargo queda para el contribuyente que cumple religiosamente con sus tasas luego de observar que las paritarias no se resuelven bajo parámetros financieros objetivos sino a partir de los proyectos políticos del intendente. Sin esos reparos, Soria cumplió su meta y generó presión en la paritaria provincial.

Sin holgura en las cuentas y con poco margen de maniobra por el pacto fiscal firmado con Nación, el gobernador Weretilneck tuvo que ensayar una salida hacia adelante en las reuniones con Unter, ATE y UPCN.

De ahora en más, la posverdad. El FpV roquense dirá que Weretilneck mentía cuando ponía el techo en el 15%. El albertismo contestará que Soria paga menos que los salarios mínimos de la Provincia. Y algunos gremios maquillarán con su “apuesta al diálogo” el oportunismo ante las disputas preelectorales.

Pero el apuro por mostrar resultados no fue exclusivo del Poder Ejecutivo roquense esta semana.

También los concejales oficialistas dieron muestras sobre lo rápido que pueden avanzar con un proyecto, usando todos los atajos que sean necesarios.

Desde el martes la ciudad tiene aprobado un nuevo Código de Tránsito, una norma con 137 artículos que nunca se debatió en comisión y llegó directamente a la sesión, para ser tratada sobre tablas.

Y tanta fue la velocidad que tomaron, que los ediles del FpV se dieron cuenta recién después de la votación que el proyecto estaba mal redactado, que tenía artículos alterados en su orden y que necesitaba varios ajustes antes de la promulgación.

Como una paradoja, aceleraron a fondo y pasaron por alto varios semáforos. Pero con una salvedad: en esos ámbitos las faltas nunca se multan.

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