Editorial: mundos paralelos, a cuatro cuadras

No deja de sorprender el alcance de los perjuicios para los roquenses por el quiebre de las relaciones entre los gobiernos provincial y municipal.

No es importante si el gobernador no viene a la ciudad con el simbólico cheque gigante del Plan Castello, que ya usó para sacarse fotos con el 90% de los intendentes.

El oficialismo local sabe bien cuándo colmar de descalificativos al gobierno de Weretilneck y cuándo hacer los deberes para adherir rápido a la ley que garantiza la llegada de 11,2 millones para obra pública.

No es importante que la confirmación de una obra de gas para 400 familias, como la que está por empezar en Chacra Monte, sea notificada al vicepresidente de la Mesa Local de Juntos Somos Río Negro por un director y no por el intendente.

Lo relevante es que el proyecto avance, que se termine a tiempo y que evite a esa numerosa comunidad de trabajadores rurales seguir enfrentado inviernos con costos mucho más altos que los asumidos por familias que habitan las zonas más cotizadas de la ciudad.

Lo que sí resulta preocupante es cuando se advierte que la ruptura no es sólo política, sino también institucional. Esta semana se conoció un ejemplo concreto.

Para desazón de todos los comerciantes y empresarios que a diario se las ingenian para seguir a flote en un período de alta presión impositiva, desde la Agencia de Recaudación Tributaria se admitió que en todos los años que lleva funcionando la feria de calle Maipú, jamás hubo un cruce de información oficial con el municipio.

Así fue confirmado por la gerenta de Fiscalización, Marcela Ávila, quien destacó en una entrevista radial el trabajo conjunto con los gobiernos locales de la provincia para encuadrar a los vendedores informales, pero cuando se le preguntó si ese escenario incluía a la administración Soria reconoció que esos contactos eran una asignatura pendiente.

De esta manera, se reveló que el organismo provincial no tiene datos oficiales sobre quiénes son los responsables de ese conglomerado de puestos que cada fin de semana mueve miles de pesos con la oferta y demanda de productos que en algún momento fueron desde las prendas de vestir hasta los repuestos de autos.

Y si no cuentan siquiera con registros sobre la identidad de esas personas, muy pocas chances hay de que exista un control efectivo para evitar la competencia desleal con aquellos que desarrollan sus actividades dentro del mercado formal.

El mismo divorcio que se da con ARSA, con las cámaras de seguridad en la vía pública y con otros numerosos temas que requieren de un trabajo conjunto entre Provincia y Municipio. Caprichos de la política para alejarse de los problemas cotidianos de los roquenses de a pie.

  • Es preocupante que la ruptura entre Provincia y Municipio no sea sólo política, sino también institucional.

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