Editorial: Manzana, el cambio más esperado

Apenas 15 segundos de video y un paso de baile desacartonado fueron suficientes para generar miles de reacciones en la previa de la Fiesta de la Manzana.

La intendenta, María Emilia Soria, anunció la llegada de Los Palmeras y se reconcilió con los seguidores del grupo santafesino, que los veían pasar de Las Grutas a Allen, de Allen a Neuquén, de Neuquén a Los Menucos, pero no tenían a Roca dentro de su itinerario.

Pero también hubo repercusiones críticas. Escuchar en vivo El Bombón Asesino y Soy Sabalero costó 2 millones de pesos más IVA para los organizadores de la Fiesta de la Pera y rápidamente se generó el debate sobre la soltura del gobierno roquense para sumar ese gasto en tiempos de emergencia alimentaria.

Planificado o no, el estilo desplegado para comunicar la noticia sirvió para atenuar la polémica por el uso de los recursos públicos, porque más de la mitad de los comentarios se orientaron a felicitar la naturalidad de la mandataria frente a la cámara o cuestionarla por banalizar su imagen cuando tiene asuntos mucho más importantes a los que prestarle atención.

No tiene sentido ingresar en ese lodo donde se cruzan acusaciones surgidas desde la adhesión o la oposición extrema al sector político que gobierna la ciudad, pero vale decir que siempre es preferible un dirigente político sin poses, frases o estilos tomados de otras personas; alguien que sepa dividir los momentos de contracción al trabajo y aquellos de distensión, que pueda empatizar con los vecinos de acuerdo a la situación y el momento.

Un baile de tres segundos no pone a la intendenta en ese lugar, pero al menos sirve para acortar la distancia entre gobernantes y ciudadanos, un rasgo que muchas veces surge entre funcionarios habituados al microclima del poder.

De todas maneras, la disrupción más importante que podría tener la Fiesta de la Manzana 2020 todavía no llegó.

Si eliminó la elección de la reina, si pasó a la historia los fuegos artificiales de estruendo, si en esta edición los productores realmente serán protagonistas, bien podría pensarse que – superado trajín del próximo fin de semana – el nuevo gobierno está dispuesto a presentar el balance del evento.

Contarles a los roquenses cuánto costó cada artista, cuánto se pagó por la producción de los espectáculos, por el montaje del escenario, cuánto se recaudó con la venta de stands, cuánto pagaron los sponsors y cuánto aportaron las empresas y comercios que publicitaron sus servicios en el predio. Eso sería un verdadero quiebre con respecto a todo lo visto desde el 2004 a esta parte en la ciudad.

Abrir esos números también ofrecería al gobierno la posibilidad de brindar sus argumentos políticos, explicando desde la legitimidad que le dieron los votos el año pasado por qué creen que destinar varios millones de pesos a una celebración no es incompatible con el presente de crisis alimentaria en la ciudad, la provincia y el país.

Serviría también para librarse de una vez del halo de sospechas que siempre rodeó a la fiesta. No debe ser cómodo que los aplausos siempre se mezclen con murmullos, esos que surgen cuando no queda claro si alguien “cosecha” en la Manzana algo más de lo que corresponde.