Editorial: La urgencia y la transparencia

En pocos días, la intendenta María Emilia Soria cargó a su mochila las responsabilidades de controlar precios y stock en los comercios, de verificar y sancionar a quien no lleve barbijo en la vía pública y de cuidar que los negocios abran en días y horarios permitidos.

Tres desafíos complejos para hacer cumplir en una sociedad donde remarcar los precios es una costumbre casi tan arraigada como el mate, donde pisa fuerte la idea de que “a mí no me va a tocar”, pero donde también hay una realidad: un día perdido de actividad es un paso más hacia el abismo de la economía personal y familiar. Y algunos ya llevan tres semanas con las persianas abajo.

Soria lleva adelante su gestión de la crisis con un estilo “albertista” (de Alberto presidente, no de Alberto exgobernador): diálogo con todos los sectores, declaraciones medidas y pocas fotos.

Esto último es todo un desafío para los políticos en cuarentena, porque muchos no saben cómo mantener alto el perfil público y necesitan demostrar que están haciendo algo productivo ante la pandemia. De ahí que las fotos de videoconferencias son la estrella del momento.

Si no es así, ¿por qué promocionan ahora una charla si antes, cuando llamaban por teléfono a esa misma gobernadora o intendenta, no salían a contarlo por sus redes? Hay razones para creer que la mayoría de la población quiere leer y escuchar sobre sus ideas, antes que ver sus fotos delante de una pantalla.

Pero volvamos a la intendenta y su agenda cargada de nuevas responsabilidades.

La adhesión a los decretos nacionales y provinciales requerirá de varias decisiones municipales, principalmente para definir mecanismos de control y las sanciones correspondientes para los que no cumplan.

Todo eso se sumará a las medidas extraordinarias que tuvieron que tomarse durante las últimas semanas, entre las que se encuentran el pago de adicionales a los trabajadores municipales que están en funciones en medio de la emergencia y los aportes económicos no previstos para comedores y merenderos.

Está claro que el día de Soria y de sus colaboradores necesita más horas.

Y lógicamente, lo que menos necesita la intendenta son problemas laterales que la distraigan del foco de atención en esta coyuntura.

Por eso, parecen atendibles las advertencias que surgieron recientemente desde el Tribunal de Cuentas, donde el representante de Juntos Somos Río Negro hizo saber que no tiene acceso a las resoluciones firmadas por la intendenta desde que asumió.

El tema no es nuevo y en la gestión anterior llegó incluso a generar reclamos judiciales.

Ante el reclamo formal que el contralor hizo en febrero, el Ejecutivo alegó un problema en el sistema informático. En marzo todo seguía igual y el contador Jorge Benítez reiteró el pedido.

Pasados cuatro meses de gobierno, resulta llamativa la ausencia de soluciones.

En cualquier etapa de gobierno, es indispensable que todas las decisiones que toma el titular de un Poder Ejecutivo eviten todo tipo de velos.

No sólo hay que ser, sino también parecer transparente.

La energía que deberá usarse para despejar las dudas tendría que estar concentrada en temas más urgentes.

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