Editorial: Gobernar de golpe en un mar de dudas

La pandemia genera temores, ansiedades, solidaridad y nuevas formas de comunicarnos. Pero sobre todas las cosas, representa un desafío individual y colectivo, porque nadie sabe cuándo terminarán los problemas, pero todos estamos seguros de que no seremos los mismos cuando la tormenta haya al menos apaciguado su intensidad.

Y en ese mar abierto, hay quienes tienen más responsabilidad que otros, porque fueron elegidos para conducir, para liderar procesos y para administrar recursos.

Paradojas del destino. La intendenta María Emilia Soria pensaba apenas un mes atrás que esta semana estaría presentando ante el Concejo el Balance 2019 del municipio, destacando un superávit de 142 millones y celebrando la administración ordenada que recibió de su hermano, proyectando desde esos números la continuidad del crecimiento roquense.

Sin embargo, hoy apenas sabe que ese escenario financiero le permite estar mejor parada que otros colegas, pero que no hay mucho para festejar. Nadie puede garantizarle a la mandataria que esos fondos excedentes no se convertirán en agua entre sus manos ante la magnitud del descalabro económico y social que parece llegar añadido al coronavirus.

¿Cómo sostener el índice de cobrabilidad de tasas por encima del 70% en plena recesión y con buena parte de la ciudad paralizada? ¿Cómo contener el gasto salarial, que ya se llevó el año pasado el 63% de los recursos, cuando se anunció un bono extra de 1.500 pesos diarios para cada trabajador activo en la emergencia? ¿Se podrá mantener el ritmo de la obra pública cuando todo hace prever que los ingresos propios y externos serán menores a los presupuestados?

Apenas algunas incógnitas que aparecen en el horizonte cercano de la administración local.

La intendenta también deberá inaugurar un tiempo nunca vivido en el municipio durante la última década.

La necesidad alimentaria se amplía a más familias en los barrios y la emergencia declarada el año pasado en el Concejo -con más tono electoral que social- ahora sí deberá abordarse con profundidad.

El Ejecutivo informó la semana pasada que en marzo destinará 900.000 pesos extras para acompañar a 51 merenderos de la ciudad en la compra de alimentos y artículos de limpieza. Un promedio de 17.650 pesos por espacio. Por día, 588 pesos. Parece poco y seguramente habrá mayor presión social para que esos recursos crezcan.

Volviendo al dato clave anterior -63% del gasto ya comprometido para salarios- queda claro que será difícil dar una respuesta satisfactoria a las necesidades alimentarias sin tocar el Presupuesto 2020. Otro debate impensado apenas un mes atrás.

Claro que el municipio no está solo frente a los desafíos y debe resaltarse que hasta el momento se demostró una buena coordinación de acciones junto a los gobiernos de la provincia y del país.

El escenario que emerge seguramente obligará a multiplicar los contactos entre autoridades roquenses y rionegrinas. Los debates sociales, impositivos, productivos y de infraestructura trascenderán la urgencia por la atención sanitaria y será necesario que cada protagonista esté a la altura de las circunstancias.

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