Editorial: el menosprecio del transporte público

Las escuelas están cerradas. El Poder Judicial está en época de feria. Hay receso en la administración pública. Y sin embargo, circular por el centro roquense sigue generando en enero la sensación de recorrida por una jungla, donde el paso se consigue más a la fuerza que por imperio de la ley.

Durante el primer mes del año no hay estacionamiento medido. Se abre entonces la puerta para que mostremos la vigencia de esa idea arraigada que nos hace buscar estacionamiento frente a la mismísima puerta del lugar al que vamos. ¿Caminar? No, gracias.

La interrupción del sistema que exige pagar para dejar un vehículo en la zona céntrica o en las calles aledañas a la Ciudad Judicial tiene que ver con el cierre de las oficinas del municipio. No hay personal para administrar las tareas de los permisionarios, que cumplen un extraño rol: son beneficiarios de un programa de contención social, pero se los obliga a dejar de trabajar un mes completo en el año.

La imagen que muestra la ciudad cualquiera de estas mañanas permite preguntarse si esa decisión de liberar el estacionamiento durante enero no debería ser reconsiderada.

Roca tiene actualmente más de 51.000 vehículos en sus calles. Cada año, según los registros de la Agencia de Recaudación Tributaria, se incorporan al parque automotor de la ciudad más de 2.000 unidades. Y de ese total de rodados, más de 6.500 son motos, con un crecimiento importante en los patentamientos con respecto a principios de esta década.

En esos números se refleja otro escenario preocupante: el sistema de transporte público no es una opción para buena parte de los trabajadores roquenses.

Todos queremos “llegar al autito”. Y si no llegamos, vamos por la moto. Y no está mal esa búsqueda de progreso personal o familiar. El debate tiene que ver con otro punto: ¿la primera necesidad que satisface un auto tiene que ser la de contar con un medio de transporte para ir a trabajar?

Roca se merece desde hace tiempo una discusión a fondo sobre la movilidad de sus trabajadores y estudiantes.

Podría ser un buen tema para los concejales, que muchas veces parecen más entretenidos con el rol de guardia pretoriana del intendente que con la responsabilidad instititucional de representar los intereses de los vecinos.

¿Alguien se preocupó alguna vez por estudiar los costos del boleto urbano y analizar las alternativas para hacerlo más accesible y atractivo para los miles de roquenses que se mueven a diario entre los barrios y el centro?

Mientras eso no ocurra, la ciudad seguirá padeciendo el infierno de motores que se ponen en marcha todo el tiempo para trasladarse al trabajo, la escuela o la universidad.

La lista de heridos y muertos en accidentes también irá en aumento. Y lo que se ahorre el Estado en subsidios al boleto, lo pagará en el sistema sanitario.

Claro, el subsidio sería municipal y los hospitales son provinciales. Y en tiempos donde se piensa antes que nada en complicar al adversario político, nadie haría semejante concesión.

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