Editorial: El éxito no puede medirse en barbijos

La presión de los bolsillos pudo más y Roca transitó su primera semana completa de cuarentena flexibilizada.

La posibilidad de abrir comercios minoristas de rubros no esenciales era una medida previsible. Y los resultados positivos de las medidas preventivas básicas, también.

Ocurre que el nuevo escenario no era difícil de imaginar, porque el ritmo de la ciudad ya había aumentado notoriamente desde los días previos a la autorización formal para levantar las persianas.

La flexibilización de hecho se había registrado cuando surgió el decreto que impuso la obligación de circular con barbijo.

No fueron pocos los que vieron en el tapaboca un certificado de circulación y salieron, creyéndose absolutamente protegidos.

Y por el lado de los comerciantes, difícilmente iban a aparecer gestos de rebeldía. Casi dos meses de parálisis y la certeza de que son el blanco más fácil de controlar por parte del Estado hicieron que todos se ajustaran a los protocolos sanitarios. Desafiar esas pautas sería un virtual certificado de defunción para el emprendimiento.

Ahora bien, el éxito de una medida no puede medirse en barbijos.

Porque así como hubo un comportamiento comunitario satisfactorio, el municipio también tuvo enormes dificultades con las acciones individuales que de todas maneras generan riesgos para la salud del conjunto.

El partido de polo en el Huitrú, que terminó con una multa de 120.000 pesos para el club y una causa penal contra los siete jugadores, fue la desaprensión colectiva más notoria, pero no la única.

Sorprendió al gobierno local la habilitación provincial para circular en bicicleta.

Casi un día demoró en salir la resolución que fijó los parámetros para las salidas recreativas y laborales en dos ruedas. Señal de falta de coordinación y de reparos municipales sobre la oportunidad para abrir tanto el grifo de la cuarentena.

Las opiniones tendientes a evitar un nuevo foco de mal humor social se impusieron sobre las advertencias sanitarias. Los pedales se liberaron. Pero una semana después, hay dudas en el gabinete local porque hubo incumplimientos de todo tipo. Salidas grupales, ausencia de kit sanitario, detenciones para charlar con un conocido y rodadas fuera del horario permitido fueron postales recurrentes en los controles realizados. Esta semana será decisiva: mejora la conducta o los amantes del ciclismo vuelven al rodillo en casa.

Y más allá de la decisión final, lo visto ya permite plantear algunas preguntas centrales: ¿estamos en condiciones de flexibilizar tanto las medidas de aislamiento? ¿Tiene el Estado la capacidad de controlar tantas acciones individuales, si luego de liberar un solo medio de movilidad apareció nítida la tendencia a transgredir las reglas? ¿Cuál es el verdadero rasgo que nos define ante la pandemia? ¿El barbijo y las máscaras sencillas de poner o el irrefrenable deseo de volver a la vida social de cercanía física, con mate, asado, pelota y charlas de café?

Dudas que necesitan de respuestas rápidas, porque la soga se estiró justo cuando las estadísticas del covid-19 en Argentina parecen llevarnos rápido hacia el pico de contagios.

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