Editorial: Decisiones que se vuelven en contra

Es cierto que -en general- los roquenses estamos lejos de los niveles aceptables de cumplimiento a las pautas de la cuarentena.

Pero tal vez la semana pasada se perdió la oportunidad de confiar en el buen criterio de la mayoría.

Plantear que lunes, miércoles y viernes salen quienes tengan documentos terminados en número par; y martes, jueves y sábados aquellos con DNI impar, no parece ser un Teorema de Álgebra.

Con la potestad obtenida el día de elecciones, el gobierno local consideró que cambiar el sistema iba a generar confusión y por eso se decidió mantener todo como fue dispuesto el 9 de junio. Los pares salen los días pares, los impares salen los días impares y fin de la discusión.

¿Fin de la discusión? Parece que no, porque haber buscado esa continuidad tuvo un efecto adverso.

Lo primero que sintieron y expresaron los vecinos en sus redes sociales y en los medios fue la frustración por confirmar que el municipio y el gobierno provincial no pueden ponerse de acuerdo ni siquiera para establecer un esquema de circulación.

La consecuencia directa: pérdida de legitimidad de los dos gobiernos. Unos creen que a nivel provincial hay desde impericia hasta intencionalidad para perjudicar a Roca. Otros están convencidos de que las autoridades locales no dejan de poner palos en la rueda. En el medio, una inmensa mayoría observa desilusionada la ausencia de liderazgos consolidados para marcar un camino de salida. Y eso conduce a un escenario de riesgo: la autonomía de las decisiones.

En un contexto de pandemia, si cada uno hace lo que le parece o conviene en forma particular, es probable que los problemas sanitarios se agraven.

Y esto no se trata de afectar las libertades individuales, sino de establecer reglas preventivas claras en pos de un interés superior: la salud de la población.

Ahora bien, es cierto que el municipio podría haber cedido un paso y apostar a las capacidades de comprensión de los vecinos para evitar un nuevo roce con el gobierno provincial. Pero también es palpable que el Ministerio de Salud tiene que hacer mucho más que ponerse de acuerdo con la intendenta para mejorar su imagen en Roca.

Con más o menos camas, en el hospital hay otros problemas centrales.

Dentro del López Lima hay vínculos profesionales dañados y la renuncia de la jefa de la Guardia refleja la intensidad de la tormenta.

Lo preocupante es el estilo que eligió el gobierno provincial para abordar las disidencias.

Si se pretende que el sumario iniciado a la jefa de Terapia Intensiva, Cristina Orlandi, sea visto como un proceso de auditoría interna y no como una represalia por marcar las contradicciones del ministerio, todos tendríamos que haber conocido antes el proceso disciplinario iniciado a la directora del hospital de Cervantes. En ese nosocomio un grupo de trabajadores se contagió de covid-19 en plena tarea de vigilancia en los barrios.

Pero nada se sabe sobre una investigación interna. Y está bien que sea así, porque nadie duda del trabajo incansable y bien intencionado de la directora.

Por eso, echar un manto de duda sobre el desempeño profesional de una jefa de servicio -en connivencia con un gremio que extrañamente aparece del lado de la patronal- no parece ser una estrategia positiva.

De las autoridades siempre se espera algo mejor que una política basada en el miedo.

Por: Hugo Alonso halonso@rionegro.com.ar

Comentarios