Editorial: ¿Cuántos muertos más soportamos?

Las estadísticas del hospital López Lima son contundentes. Uno de cada 20 pacientes que llegó al servicio de Emergencias en lo que va del 2018 fue un accidentado en moto. (Ver informe aparte)

De los heridos, uno de cada 10 sufrió heridas que demandaron procedimientos de distintos tipos, desde internación a intervenciones quirúrgicas. De las 2.715 lesiones atendidas, 271 fueron graves.

Ya murieron 6 motocilcistas luego de un hecho vial en moto en lo que va del año. ¿Qué más hace falta para ubicar al tránsito como uno de los grandes temas a debatir en la ciudad para el futuro cercano?

Según registros de la Agencia de Recaudación Tributaria, en Roca hay más de 50.000 vehículos patentados y unos 7.000 de esos rodados son motos.

El dato es significativo si se tiene en cuenta que la ciudad tiene unas 75.000 personas con edad para obtener el carnet que habilita a conducir.

Y menos dudas deberían existir sobre la gravedad del problema si analizamos la información que aportan los médicos que reciben a esos heridos.

En general las víctimas de choques entre motos, o que involucran motos y autos o camionetas, son jóvenes de entre 20 y 30 años.

Los jóvenes se están muriendo en nuestras calles. Estamos asistiendo a la creación de una generación con un porcentaje cada vez mayor de personas discapacitadas a raíz de un siniestro vial.

¿Vamos a seguir de brazos cruzados? El tema está en la agenda del Consejo Local de Salud, que esta semana tuvo una nueva reunión.

Ese órgano es muy importante para la toma de decisiones rápidas, porque tiene entre sus integrantes a representantes de las esferas municipal y provincial, del sector privado y del público.

Cuanto menos intereses partidarios se vuelquen sobre esa mesa, más rápidos llegarán los consensos para el diseño de políticas efectivas que contribuyan a reducir los incidentes en la vía pública.

Pero las acciones no pueden quedar limitadas a las autoridades del hospital, concejales y representantes de instituciones intermedias.

La seguridad vial debe aparecer como tema prioritario en la campaña electoral que está por comenzar en la ciudad. Pero no como mero enunciado en una lista de promesas o como proyecto sectorial de un partido.

La definición de una estrategia para que nuestras calles dejen de ser la última estación antes del cementerio debería ser una política de Estado.

Roca no conoce de gestos de madurez política, en los que candidatos y dirigentes partidarios se despojen al menos por un instante de sus banderas para abordar problemáticas de interés común.

La vergüenza por haber presenciado silenciosamente una muerte por mes en la vía pública debería ser suficiente motivo para que aquellos que pretenden representarnos se decidan a inaugurar nuevos tiempos.

  • La seguridad vial debe aparecer como tema prioritario en la campaña electoral que está por comenzar.

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