Editorial: cuando la oposición ayuda al gobierno

Río Negro llegó a ocho muertes por Covid-19. Una roquense está en esa lista y durante la últma semana en la ciudad aumentó en forma significativa el número de casos positivos.

Demasiados datos negativos como para tolerar también a políticos compitiendo por la mejor zancadilla al opositor de turno.

La democracia necesita gobiernos y opositores fuertes. El problema aparece cuando se confunde firmeza y rigurosidad con abundancia de palabras críticas.

Mucho no es siempre es mejor. Y la repetición de adjetivos y frases no garantiza la consolidación de una imagen confiable como representante de los que no comulgan con el partido gobernante.

Varios roquenses aparecen en primer plano dentro del escenario político que rodea a la lucha contra el nuevo coronavirus.

El ministro de Salud, Fabián Zgaib, es el más incómodo entre ellos, porque su gestión está cuestionada principalmente por estadísticas que marcan que en Río Negro el Covid-19 avanzó más rápido que en 21 distritos del país, quedando la relación contagiados/habitantes sólo superada por la Ciudad y por la Provincia de Buenos Aires.

En cualquier otro lugar con menores contradicciones políticas, Zgaib ya habría pasado por la Legislatura para dar explicaciones sobre lo hecho y lo que se piensa hacer.

En Río Negro el Parlamento sigue cerrado, incluso ante la paradoja de tener al exgobernador Weretilneck criticando que no se habilite al Congreso a sesionar en forma virtual, pero sin adoptar la misma postura ante el vicegobernador Palmieri.

Organizar el debate de 46 personas parece más sencillo que el trabajo para reunir a 72 senadores o 257 diputados.

Ahora bien, la oposición rionegrina ayuda bastante al gobierno a librarse de las preguntas incómodas.

Esto porque mientras los integrantes del bloque del Frente de Todos intercambiaron ideas durante tres horas con la gobernadora Carreras, el diputado Martín Soria y el senador Martín Doñate dinamitaron cualquier camino de confluencia, reclamando la renuncia de Zgaib y la intervención urgente de Nación para comandar las políticas sanitarias en la provincia.

El resultado: un oficialismo victimizado, tomando el atajo de denunciar la búsqueda réditos mezquinos personales dentro de la dirigencia peronista y sin explicar lo fundamental: por qué la provincia padece el virus mucho más que la mayoría de la Argentina.

En tiempos de incertidumbre, erigirse como un representante serio (que no tiene nada que ver con aparecer siempre con gesto adusto) y riguroso (que no tiene nada que ver con castigar verbalmente) es un valor que cotiza en alza.

Para el que no reúna esos mínimos requisitos, hoy más que nunca, el silencio es salud.

Comentarios