Editorial: Concejo con sello propio, se busca

Asumieron en diciembre, tuvieron algunas reuniones, pero el punto de partida real será hoy para los concejales roquenses.

La intendenta, María Emilia Soria, llegará al recinto para dejar inaugurado un nuevo período de sesiones ordinarias, que no será uno más, porque la sola composición del Deliberante ya otorga características especiales al escenario parlamentario.

Roca no tenía un bloque opositor con más de un miembro desde el 2007, cuando terminó el primer mandato de Carlos Soria y la UCR contaba con tres ediles: Alejandro Betelú, María Gloria Verani y Marcelo Marco.

Tres gestiones con nula o mínima disidencia terminaron desvirtuando el rol del Poder Legislativo, que mutó a un apéndice del Ejecutivo, demostrando con el paso de los años cada vez menos independencia y, sobre todo, escaso criterio propio para fijar una agenda de temas que conectaran al Concejo con los vecinos en forma directa.

Por eso, los resultados de las elecciones municipales del año pasado no sólo generaron un marco institucional diferente, acotando la discrecionalidad con la que se manejó el oficialismo durante la última década, sino también la expectativa del regreso del debate al recinto de Avenida Roca y Villegas.

Claro que la confrontación de miradas no puede surgir de la simple pertenencia a proyectos políticos diferentes.

La deuda del Deliberante acumulada durante las últimas gestiones tiene mucho que ver con la falta de contrapuntos fundamentados, con las pocas instancias en las que se dieron discusiones profundas nutridas por miradas diferentes sobre pasado, presente y futuro de la ciudad.

Sobre todo en los últimos cuatro años, el Concejo Deliberante fue epicentro de chicanas, de descalificaciones por prejuicio y no se permitió nunca salir del libreto dictado por el exintendente para adquirir una impronta propia, que no necesariamente tenía que ser con objetivos diferentes a los del proyecto político que los agrupaba.

Se desaprovechó así cualquier interés ciudadano que podía existir por las actividades legislativas.

La prueba más concreta fue la duración de las sesiones, que en la mayoría de los casos agotaban el orden del día en menos de 30 minutos, ante la presencia limitada del personal de los bloques y de algún vecino con interés particular en un tema a resolver en esa reunión.

Durante el receso de verano, los nuevos concejales dieron muestras de una clara intención de ejercer con compromiso el rol de representantes del pueblo, saliendo de sus oficinas para ponerse en contacto con roquenses que demandan mayor atención de los estados municipal y provincial.

Desde hoy empieza la otra parte del desafío: lograr con su trabajo que las sesiones vuelvan a ser convocantes.

Hacer del Deliberante un espacio con sello propio. Dejar atrás los tiempos de obediencia silenciosa. Sería un gran aporte para una de las instituciones centrales de nuestra ciudad.

  • Con la apertura de sesiones empezó mucho más que un nuevo año legislativo en la ciudad.