Editorial: carpetazos en tiempos de Facebook

La política bajó una vez más al fango en el cierre del 2017 roquense. El toma y daca al que nos tienen acostumbrados soristas y albertistas incorporó este mes los siempre efectivos “carpetazos”. Aggiornados a los tiempos que corren, los fisgones de la política local ahora recorren los perfiles de Facebook para encontrar imágenes que puedan complicar a sus adversarios.

Y allí apareció la foto de María Emilia Soria con “Pablo Monte”, el joven que hoy está preso, acusado de liderar una banda que estafaba con autos y miembro de la familia a la que Alberto Weretilneck buscó echar de Cipolletti por su vínculo con el narcotráfico. La publicación es del 13 de octubre, plena campaña electoral, con los candidatos recorriendo vertiginosamente las ciudades en busca de votos.

Más allá de que los candidatos de Juntos no estuvieron en esa faena proselitista, no hace falta aclararles al gobernador y a su equipo que en esos días los dirigentes posan sonriendo al lado de personas que en la mayoría de los casos no conocen.

Buscar una ligazón entre esa foto y una supuesta connivencia entre los hermanos Soria con bandas delictivas es un trabajo de tan poco vuelo como lo sería instalar la idea de que Weretilneck ampara a los condenados por abuso por todas las fotos en las que aparece abrazado al exlegislador Rubén López.

Lo extraño de la estrategia del oficialismo provincial es que el propio gobernador padeció en el 2013 un caso idéntico, cuando apareció una foto suya abrazado a otro cipoleño, exfuncionario del área social del municipio, en ese momento procesado y luego condenado a 15 años de prisión por el abuso sexual a una menor de edad.

El problema de elegir estos golpes de efecto es que la propia política bloquea el debate de fondo sobre un tema trascendente como la lucha por el narcotráfico.

Weretilneck y todos los que viralizaron la foto podrán haber disfrutado el enojo que provocaron a los hermanos Soria, pero también deberían saber que les allanaron notablemente el camino a la hora de explicar qué hace cada uno para frenar el avance de la droga en Roca.

Es mucho más fácil decir que todo es parte de una estrategia para “limar” al intendente, que argumentar por qué la máxima autoridad de la ciudad tiene que remontarse a una gestión del 2012 para mostrar su preocupación por el narcotráfico.

Es cierto que la investigación y las acciones contra las bandas que operan en la ciudad se encuentran bajo la órbita del gobierno provincial, pero asumir el rol de espectador pasivo cuando en la ciudad secuestraron 750 kilos de droga este año parece demasiado cómodo para un intendente que pretende ser gobernador.

Además, esa postura entra en contradicción con el interés que demostraron Soria y los concejales por el estado de las escuelas de la ciudad, otro tema de injerencia provincial pero que llegó a motivar hasta recursos de amparo de parte de los representantes municipales.

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