Editorial: boleto urbano, la bomba descuidada

La bomba de tiempo que significaron los subsidios al transporte desde el 2002 está a punto de estallar.

Y quienes descansaron sobre un escenario cómodo, donde la Nación se hacía cargo de una parte importante del costo fijo de las empresas concesionarias, ahora corren espantados para que no les lleguen las esquirlas.

Por eso pueden verse por estas horas a funcionarios municipales y provinciales tratando de esquivar la ola de mal humor que crece entre los usuarios, por el fuerte aumento en los boletos que se viene.

En Roca son 10.000 los vecinos que a diario se suben a los colectivos de la empresa 18 de Mayo para conectar los barrios con el centro.

Si la suba del 32% definida a principios de año generó una reacción tan fuerte que obligó al municipio a desdoblar el impacto, no hace falta tener mucha visión de futuro para anticipar la bronca que habrá en las calles si desde enero el precio de los boletos se incrementa un 100%, como pronostican desde el sector transportista.

Sin dudas que el gobierno nacional se llevará la mayor parte de las quejas, porque la transferencia de ese costo no llega en soledad para los usuarios. Esos bolsillos ya están golpeados por las tarifas de servicios y por una inflación que siempre es corrida desde atrás por los salarios.

Pero el escenario del servicio de transporte urbano tiene particularidades en Roca, que provocarán consecuencias diferentes a las de otras ciudades. La promoción del uso del sistema público de colectivos nunca fue una prioridad para la gestión municipal.

Y los efectos aparecen en las estadísticas. A pesar de tener el boleto más barato, la cantidad de vecinos que usan el servicio en Roca es mucho menor que en Bariloche, Viedma y Cipolletti.

En la ciudad lacustre se movilizan en micros urbanos unas 36.000 personas por día, más del 25% de su población (con una estimación de 140.000 habitantes).

Acá los usuarios representan aproximadamente el 10% de la población, con un número diario de pasajeros que es similar a los de Cipolletti y Viedma, cuando esas ciudades tienen menos habitantes.

Son cifras que ayudan a entender por qué Roca es un infierno de autos y motos, con un promedio de un vehículo cada dos personas.

Si el municipio no tiene mucho para ofrecer y el gobierno provincial mantiene su postura de derivar a las administraciones locales la responsabilidad de resolver el brete, el boleto roquense se irá por las nubes. Y así, serán muchos más los que cambien colectivo por moto para moverse en la ciudad.

Eso traerá aparejados más choques, muertes, heridos, discapacidades temporarias o permanentes… un combo por el que paradójicamente también deberá responder el Estado, con su sistema de salud.

Triste consecuencia de la falta de planificación y de la costumbre de gastar el tiempo en batallas de frases, cuando se necesitan acuerdos para que la cuenta dejen de pagarla los que menos tienen.

  • El servicio de transporte urbano tiene particularidades en Roca, que provocarán consecuencias diferentes.

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