Críticas, desaires… ¿no cambió nada?

Agazapada para irrumpir cuando la guardia está baja, la política pendenciera salió de los sótanos para recordar a los roquenses que no conviene ilusionarse con las frases de ocasión.

“Lo que pasó con Alberto, terminó con Alberto”. “Lo que sea diálogo y consenso es positivo”. Esas y otras palabras surgieron durante los últimos meses desde el municipio y desde el gobierno provincial, como cimientos de una nueva relación que permitiría pasar al archivo los ocho años de disputas, aislamiento y proyectos truncos por la absurda imposibilidad de sentar alrededor de la misma mesa a funcionarios de ambas estructuras.

La semana pasada quedó a la vista que esas bases son todavía endebles y no permiten confiar en un futuro alejado de la idea de que Roca es un cuadrilátero donde el que pega primero, pega dos veces.

Lo llamativo de esta versión 2020 de las disputas entre el Frente de Todos y Juntos Somos Río Negro fueron las protagonistas.

Porque no sorprende a esta altura leer a legisladores repitiendo frases dictadas, ensayando el calificativo más hiriente o intentando ironías cuando las urnas ya explicaron que esa estrategia no es graciosa ni aporta votos.

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Lo curioso fue lo rápido y sencillo que se bajaron la intendenta Soria y la gobernadora Carreras de ese camino diferenciado que habían iniciado cuando en la campaña electoral del año pasado y en las primeras semanas de gestión de cada una se esforzaron para acercar a sus gobiernos en pos de resolver los problemas más urgentes de los roquenses.

La mandataria local, con una frase fuera de tiempo luego de la reunión con la ministra de Hábitat de la Nación, María Eugenia Bielsa, sumando al exgobernador Weretilneck a la lista de responsables por los que Roca no pudo terminar en cuatro años un plan de 231 Viviendas.

No se trata de exculpar al senador. La pregunta es qué aporte hicieron esas palabras en este momento de la ciudad y de la provincia, más allá de saciar las ganas de la intendenta de criticar a un opositor.

La interminable lista de comunicados que aparecieron detrás de esas palabras, con un notable esfuerzo de un lado y del otro para definir quién hizo más para aislar a Roca durante los últimos años, fue un lamentable deja vu de una historia que muchos ya creían irrepetible.

La respuesta de la gobernadora fue el desaire en la Fiesta de la Manzana.

Llegar a la ciudad, recorrer el predio y no tomarse siquiera diez minutos para saludar a los organizadores quitó buena parte del peso que tuvo el regreso de un mandatario provincial al evento, después de ocho años.

Algún colaborador cercano debería contarle a Carreras sobre el aplauso que rodeó a Weretilneck y Martín Soria cuando se abrazaron durante la cena por los 100 años del Club Italia Unida.

Tal vez así pueda entender el nivel de hartazgo de los roquenses ante estos episodios que se repiten interminablemente desde el 2012.

El tiempo juega a favor de ambas. Sería decepcionante confirmar a poco de andar sus gobiernos que hay falta de voluntad para salir del lodo y poner a la relación entre Provincia y Municipio a la altura de las circunstancias.