Tirar de un carro para ganarse el día: una postal repetida en Roca

A la mañana temprano compra verduras en un mayorista de Stefenelli y vuelve a su casa. Tiene una balanza para clasificar la verdura en bolsitas. Cuando tiene todo listo, sale a la calle y hay días que vuelve de noche.

Gabriela Martínez (46) dice que se dedica a la venta ambulante “desde siempre”. No conoce otro tipo de trabajo. Lo que sí fue cambiando a lo largo del tiempo fue lo que lleva en el interior del carro. “Vendí desde papel higiénico, vasos, jarras, hasta cortinas, baldes, carteras. Ahora, con la crisis, la gente se puede privar de todas esas cosas, pero no de comer, por eso estoy llevando frutas y verduras”, resumió.

A las 10 sale a la calle, con todas las bolsitas apiladas en el carro. Lo más duro abajo –papa, cebolla– y arriba acomoda lo más delicado, como los tomates. En vez de vender por kilo, hace promos para vender cada bolsita a $ 10 o $ 20. “Las ventas andan, pero porque camino un montón y porque dejarse algo les sale poco. Falta la plata, algunos me piden que les venda por unidad, porque no les alcanza para comprar la bolsita. Quieren medio morrón o dos tomates, pero les digo que no. Tengo que asegurar que el producto que vendo está limpio, no manoseado, por eso así como embolso en casa lo llevo”, explicó.

“Cuando salgo no se donde voy a terminar. Camino hasta el barrio Japonés o Villa Obrera y me vuelvo”, indicó Gabriela, que al final del día llevó el carro a cuestas entre 10 y 12 kilómetros, entre la ida y la vuelta. “Lo complicado es al salir, que va lleno y pesado. Hoy llevo 10 kilos de tomate, otros 10 de morrón, varios kilos de cebolla, zapallo anco, papas. No puedo calcular cuanto pesa, pero se nota que después de un rato se pone más liviano”, comentó Gabriela, mientras se acomodaba para continuar su camino por la calle Güemes y dejando atrás el cruce con calle Vintter. “Por acá agarro tierra, pero llego a otros barrios”.

Cuando se cansa de cargar tanto peso no se queda. La vendedora sale con ristras de ajos. “Me tomo un colectivo con la carga y me bajo en barrio Nuevo, bien lejos, y camino desde allá como 10 km vendiendo”

Una opción

Las motos y los autos los esquivan. Es que van cargados, en subida y contra el viento. El arranque se torna difícil, pero igual tiran del carro para ganarse el día. La postal de vendedores ambulantes se multiplica en la calle San Juan al 3.000. “Camino todo el día. Salgo a las 10 y termino a las 17”, apuntó Oscar. Vive en Stefenelli y camina hasta lo más alto de la ciudad para vender sus productos. En el carro tiene de todo: cepillos, baldes, palanganas, cestos, bolsas de residuos, broches para la ropa. “La gente busca precio, está difícil la venta. Hay que caminar y parar mucho para poder vender algo”, señaló.

Para Arnel, colombiano que vive en Argentina hace tres años, tirar de un carro repleto de muebles es la opción de trabajo por el momento. “Siempre me dedique a la venta ambulante. El carro pesa entre 80 y 90 kilos, si se venden los muebles hago el esfuerzo. Hoy tengo cuatro muebles, a $ 1500 cada uno”, informó.

Comentarios