¿Se puede jugar un picadito en la plaza?

Según la ordenanza vigente, no se puede. Desde el municipio dicen que los inspectores deben aplicar su criterio para distinguir entre un juego eventual a uno organizado por clubes o gimnasios.

Luego de varios días grises, el sol volvió a mostrarse el pasado 9 de julio, lo que incentivó a muchos chicos, jóvenes y adultos a salir del encierro hogareño.
Una pelota y una canchita o plaza barrial es lo único que se necesita para provocar una divertida tarde con amigos. Esto fue lo que ocurrió el pasado lunes y lo que seguramente ocurrirá más seguido desde la próxima semana, cuando los chicos entren en vacaciones invernales.
¿Pero cómo estar seguros de que esos momentos de alegría y juego no serán interrumpidos por un inspector municipal con un grupo de policías invitando a los jugadores a retirarse de la plaza, tal como ocurrió el feriado 20 de junio?
Ese día un Manuel González, pastor de una iglesia evangélica, llevó a varios chicos del barrio a una de las cinco plazas que tiene Aeroclub para jugar un picadito. Todo era diversión hasta que un inspector les prohibió seguir jugando. Ante la negativa del hombre y los jóvenes, el agente municipal fue en busca de refuerzos y apareció con siete policías para sacarlos, porque aparentemente “cometían el delito”.
Ese día el que se convirtió en héroe fue el pastor. “No nos vamos a ir hasta que se cumplan los 20 minutos que le pedimos al inspector para quedarnos”, dijo González. Ante la firmeza, los policías y el representante municipal se retiraron.
Finalmente esta historia terminó con un pedido de disculpas de parte del municipio, que quedó manifiesto en una de las hojas amarillas, utilizadas generalmente para realizar multas. Junto con esa acta, se le entregó a González la copia de una ordenanza.
Desde ese momento se generó una polémica con respecto a los espacios públicos que tiene la ciudad. ¿Pueden ser utilizados para jugar a la pelota?
En su descargo a los medios, desde el municipio se indicó que los jóvenes suelen romper los aspersores y las plantas o que deben atender las quejas de vecinos a los que no les gusta que los chicos hagan “ruidos molestos”.
“La Comuna” realizó una recorrida por las plazas de varios barrios y lamentablemente no se vieron muchos chicos jugando, tal vez muchos de ellos atrapados por la tecnología en el interior de sus casas. ¿Pero qué pasa con aquellos que sí quieren recrearse en la plaza más cercana?
“Si vienen a sacarnos los sacó a pelotazos”, dice un adolescente que suele ir con amigos a la placita de barrio Silvetti. Otro agrega que no hacen “nada malo” y que “es la mejor forma de divertirse”.
Varias cuadras más allá, en un gran espacio verde de barrio San Cayetano, un grupo de hombres comenta haber leído la nota de la policía que llegó a una plaza para sacar a los chicos. “Me parece una barbaridad. Después nos quejamos porque los chicos están en las esquinas tomando o drogándose. Ojalá todas las plazas estuvieran llenas de chicos jugando a la pelota”, dice el vecino que vive a pocas cuadras de la plaza “Médicos Argentinos”.
En Quintu Panal, la única plaza que tiene el barrio se llama “Plaza de las Banderas”, donde se pudo ver a padres con sus hijos y a grupitos de niños y niñas jugando un partido entre los árboles.
“Hasta ahora nadie nos dijo nada, pero no deberían llamarnos la atención. Si no venimos a la plaza ¿a dónde vamos a ir?”, se pregunto el hombre mientras atajaba los penales de su hijo.

Intolerancia de vecinos
Recuerdo que cuando niño, en mi barrio, existían campitos en todos lados. Cualquier baldío se convertía en cancha de fútbol, sólo con dos piedras por lado. Pero la cancha preferida era la que tenía un arco improvisado con las ramas gruesas de los álamos.
Un vecino de apellido Vergara, tenía el paredón de su patio justo detrás del arco de nuestra cancha, por lo que era muy común tirarla a las nubes para que caiga en el patio del vecino.
“Vecino, me alcanza la pelota”, era la súplica de todas las tardes. Y Don Vergara iba pacientemente hasta el fondo su patio y nos alcanzaba el fútbol sin cuestionarnos nunca nuestra mala punteria. Lamentablemente no hay muchos vecinos como Don Vergara y más de uno suele llamar al municipio para que hagan sacar a los chicos que molestan en la placita.
“A nosotros se no suele ir la pelota y pega en el portón de una casa. El hombre se enoja y hasta nos amenaza que nos va a pegar, pero nosotros no lo hacemos a propósito”, dice un chico de 12 años de barrio Villa Obrera.

Sentido común
En diálogo con este medio, el intendente, Martín Soria, aclaró que no “persiguen con la policía” a los chicos que juegan en la plaza. “Una cosa es el juego de un par de niños con su padre y otra, un equipo de grandulones que rompen todo. Tal vez el inspector se extralimitó, pero ellos saben que deben tener un poco de sentido común. No te preocupes que no tenemos una política de represión para los chicos que juegan”, afirmó Soria.
Por su parte, la secretaria de Gobierno, Andrea Cornejo, aclaró que una cosa es realizar deportes en la plazas, que está prohibido por ordenanza, y otra distinta, que sí se puede es la recreación. “Si un papá juega con sus hijos en la plaza es recreación”, dijo.

Dato: N° 1109 fue sancionada en 1989 y prohíbe, entre otras cosas, realizar deportes en las plazas.

¿Qué opinaron los concejales?

“Me parece una barbaridad la acción del inspector contra los chicos que jugaban en Aeroclub. Que hagan otra cosa más productiva que andar persiguiendo pibes que juegan en una plaza”. Mario Alvarez (Vecinalismo).

“El inspector debe hacer cumplir la ordenanza, aunque debe actuar según su criterio. No es lo mismo que un grupo de chicos haga un picadito eventual, que en la plaza jueguen un partido de 10 contra 10 donde rompen los aspersores. Deberíamos revisar esa ordenanza de igual manera”. Ignacio Casamiquela (FpV).

“Los espacios públicos son para que los vecinos se los puedan apropiar, pero responsablemente. De igual manera deberíamos rever esa ordenanza, que es de 1989, y actualizarla”. Gabriel Giayetto (PRO).

“A los inspectores los llaman los vecinos que se molestan por los ruidos”, dijeron desde el municipio.

La ordenanza prohibe la práctica de deportes en las plazas

Según el sitio web del municipio, existen dos ordenanzas referidas al deporte en espacios públicos o espacios verdes. La primera de ellas es de marzo de 1989. En los considerando de esa ordenanza, N°1109, se dice que el “mantenimiento de plazas y jardines en el ejido municipal requiere de múltiples y costosas tareas; que el uso inadecuado por parte del público en general de los espacios verdes, no contribuyen a dar una imagen de lo que debe ser un lugar embellecido para el solaz esparcimiento y recreación de todos los vecinos” y por ello resuelve:
Art 1: No se permitirán en paseos, parques y jardines municipales las actividades tales como: instalación de campamentos, el corte de plantas y flores, la construcción de mercados y la práctica de deportes sobre los espacios verdes.
Otra ordenanza, más cercana en el tiempo es la N°4792, cuya copia fue entregada en mano al Pastor González, un día después de haber llevado un grupo de chicos del barrio a jugar a una plaza de barrio Aeroclub.
Llama la atención que esta haya sido la norma que González tenía que leer y cumplir antes de ir a recrearse con su hijo y los amigos de su hijo.
La misma está orientada, en todo momento, a la práctica de deportes al aire libre, pero con fines de “lucro”.
En los considerandos afirma que “el aumento en la ciudad de los grupos de entrenamiento de cualquier disciplina es espacios libres, bajo la supervisión de un profesor, con fines de lucro (…), debe ser regulado”.
En su artículo 11, agrega que “todas las personas que realicen actividades físicas, tanto en gimnasios como al aire libre deben tener un certificado de aptitud física que deberá ser actualizado periódicamente…”.
Si esta es la ordenanza a la que hizo referencia el inspector con siete policías, para tratar de echar a los chicos de la plaza de barrio Aeroclub, es improcedente. La ordenanza N° 4792 sólo se refiere a particulares que usan el deporte como una actividad lucrativa y no alcanza a niños, jóvenes que quieran ir a jugar un picado eventual en la placita menos concurrida del barrio.

 

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