Oficios en cuarentena: historias de los que no se rinden ante la falta de trabajo

Mozos, peluqueras, estilistas, niñeras, personal doméstico, albañiles. Son solo algunos de los oficios que están paralizados por el aislamiento obligatorio desde el 20 de marzo. Muchos son monotributistas y desarrollan su labor con las manos. Para ellos no hay virtualidad que alcance, es solo un complemento.

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Este 1 de mayo, Día del Trabajador, se encontraron paralizados y tratando de generar otros ingresos para vivir y sustentar a sus familias, a 44 días del cierre de sus lugares de trabajo.

Les preocupan las deudas, el sustento familiar, la inestabilidad y la incertidumbre a futuro. Hay algo en común y es que pasaron por distintas etapas. Al principio, el inicio de la cuarentena no era tan grave, pero con el correr de los días varios se quedaron sin dinero.

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El aspecto emocional también influye, ya que desarrollar el oficio para muchos constituye un estilo de vida, una pasión, lo que vieron y aprendieron de niños o lo que los hace felices día a día.

Algunos contaron sus historias y cómo sus vidas dieron un giro de 360 grados por la pandemia. Todos tratan de hacerle frente a los avatares, tratando de cuidar su salud, lo mas importante de todo por estos días.

Marisa, la peluquera que no baja los brazos

“Hace tres años tuve que cerrar la peluquería por ocho meses por un cáncer, ahora la tengo que cerrar por un virus”, se lamentó “Maru” como le dicen sus clientes, quienes la conocen por su fortaleza.

Ella se quedó sin ingresos por el cierre de la peluquería. Casualmente, su esposo, hacía poco tiempo había renunciado a su trabajo para apostar a un emprendimiento personal con bicicletas, así es que ambos quedaron “desocupados” y se complicó la situación familiar.

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“Al principio pensé, habrá que hacer la cuarentena para cuidarnos y tal vez me sirva para bajar un cambio (…) pero después se empezó a extender y extender, las cuentas siguen, los compromisos siguen. Me puse bastante mal”, contó Marisa. Sin embargo, fiel a su espíritu luchador, supo que tenia que encontrarle la vuelta ya que los “ahorritos” no alcanzaban para pagar las cuentas.

Una tarde de merienda con sus hijos, llegó una parte de la respuesta. De chica le apasionaba la cocina. Había hecho un año de la carrera de Chef, pero por cosas de la vida tuvo que abandonar. Era una “asignatura pendiente”, contó, y fue durante esta cuarentena que se reencontró con esta otra pasión.

Una tarde hizo medialunas y fueron el puntapié para tener un respiro. Se le ocurrió empezar a venderlas por encargue y sumar más variedades de comida.

“Esto es una cadena porque yo no puedo trabajar, mis proveedores no pueden trabajar, quedaron las deudas. Las medialunas son para vivir y para que no les falte internet a mis hijos para que hagan las clases”, contó. “Es triste y difícil para todos”.

Otra de las alternativas, es preparar kits de tinturas y ofrecerle a sus clientas videollamadas o un paso a paso para que puedan teñirse en sus casas.

El calor humano y la calidad de las personas, es lo que te da fuerza para seguir en pie. Me lleno de eso”

Marisa Baez (41) peluquera

Para Marisa, fueron las actitudes de las personas las que la ayudaron a salir adelante y por eso está muy agradecida. La dueña del alquiler le prorrogó el pago hasta el regreso, las clientas encargando comida u ofreciendo ayuda, incluso económica.

Marisa y se emocionó al recordar el gesto de una de sus primeras clientas, que la conmovió. “Ella me hizo saber que en la peluquería se siente como en casa, porque nos escuchamos, nos levantamos el ánimo y compartimos y por eso me iba a hacer una transferencia de dinero que quedaba a su cuenta para cuando regrese”, cerró.

Juan Carlos, el mozo ahora reparte boletas del cable

Juan Carlos Granchelli tiene 50 años y trabaja hace 25, en un reconocido café céntrico de Roca. Pasó de recorrer mesas y levantar pedidos a sus clientes todos los días, a repartir pizzas y boletas del cable en su moto, para hacerse de un sueldo en estos días de cuarentena. La mensajería para el paso a ser su medio de vida.

“La cuarentena la estoy pasando como puedo. Ahora estoy sin trabajo”, contó, ya que su sueldo se redujo y contó que sin la entrada de la propina no es lo mismo. “Para sostenerme estoy haciendo delivery con la moto en una casa de pizzas de 18 a 22”, comentó y agregó que también está repartiendo boletas del cable, que le llegan una vez al mes. “Es una entrada mínima”; contó con resignación.

“Me la estoy rebuscando para poder seguir sustentando a mi familia y ganar el día a día”, ese es su principal objetivo hoy.

Estoy mal porque al cerrar el café es como que me cortaron las piernas. Con la propina también comemos”

Juan Carlos Granchelli (50) mozo en confitería

Pero para el, luego de tanto recorrido en su oficio, en realidad hay algo más triste que es el cierre de la confitería en si, su lugar de trabajo. “También hacen falta los compañeros, con quienes la pasamos lindo todos los días”, reflexionó Juan.

Ivan, el herrero que paró su taller y lo acondicionó

Ivan Ibach está hace seis años en el rubro herrería y metalurgia y su oficio es su única forma de sustento. Tiene su propio taller, hoy completamente paralizado por el aislamiento.

Al comenzar la cuarentena la situación era buena, había trabajo y perspectiva de más, pero todo se diluyó en estos días, los trabajos quedaron inconclusos y los presupuestos, descartados”

Ivan Ibach (40) Herrero y metalúrgico

“Con la ayuda del gobierno y lo que tenía en el bolsillo lográs sobrevivir un tiempo, pero las deudas siguen corriendo y después la torta es más grande y difícil de cancelar. Lamentablemente el Estado va alargando esta cuarentena a cuenta gotas y no te da predecibilidad”, opinó. “Ya vamos más de 40 días y las reservas y o ahorros desaparecen y empieza a incrementar la impaciencia”.

“Podemos idear y pensar varias opciones pero si el confinamiento sigue todo queda trunco. El oficio de la herrería abarca muchas posibilidades de trabajo pero es un trabajo físico y de locación, que demanda muchos insumos y materiales que hay que llevar y traer”, explicó.

En ese sentido, dijo que “podés fabricar algo e intentar venderlo por las redes sociales pero la situación económica de todos complica esto, ya que una parrilla, un chulengo, o una mesa pasó a tercer plano. Hoy nos concentramos en la comida y la salud” expresó el herrero de Mosconi.

Mantener la mente en positivo es una de sus cábalas para pasar la crisis, aprovechó para acondicionar su taller. “Es una situación que por primera vez nos toca vivir, debemos adecuarnos y sobrellevar todo con la convicción de que pronto pasará”, concluyó.




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