Nada alcanza para frenar la inconsciente tentación callejera

Calles de algunas ciudades, como Roca, siguen transitadas. Hay intermitentes controles policiales pero falta conciencia individual del drama viral.

No hay idioma común a la hora de la responsabilidad. No hay consejo que valga para frenar tanta tentación callejera. Las calles siguen pobladas a pesar del escenario complejo, de la orden de no salir, de la cuarentena obligatoria. Porque, por lo visto, unos cuantos en Roca y algunas otras ciudades de la región parecen no haber caído en la cuenta de que fue una orden (preventiva), no una sugerencia la de no salir de casa, salvo los casos urgentes y exceptuados.

Desde el presidente Alberto Fernández hacia abajo surgen a diario recomendaciones que se multiplican en las redes, en los medios de comunicación, pero -por lo que se ve- no alcanzan para contener ese deseo inexplicable de andar en la calle a pesar de los riesgos. Peor aún, inconscientes mutantes se convierten en potenciales multiplicadores de un virus que nadie sabe dónde está, pero que está y es letal.

La imagen del país y la región refleja no solo largas colas en accesos a Buenos Aires o en el puente que une Neuquén con Río Negro; también en las calles de ciudades donde se juntan vehículos, motos, bicicletas y peatones con dudosas urgencias.

Hay que poner en claro estas cuestiones: que las urgencias sean verdaderas urgencias. La comida, los remedios, un internado en una clínica, una necesidad médica y algunas cosas más. Lamentablemente, la lista de “permitidos” es demasiado larga aún como para disuadir a quienes desafían al virus fuera de casa.

Irresponsables -o cuanto menos confiados- son, por ejemplo, la pareja vestida con ropa deportiva que paseó su perro, o el deportista que ayer bajó con su kayak a remar.

Está mal y no es lógico que solo nos disuada el rigor policial o el temor a que nos saquen el auto o nos multen. Las comisarías no darían abasto si se llevara a cada uno de los que sale a dar una vuelta sin razón justificada.

De todos modos, faltan controles rigurosos y no esporádicos, faltan campañas de difusión intensivas y, en algunas localidades, falta presencia del Estado. Pero sobre todo falta conciencia y responsabilidad individual para un bien colectivo: pensar que el devastador virus -que no distingue fronteras ni condición social- puede alcanzarnos, si no estamos informados ni aplicamos estrictas prácticas profilácticas.

Que la razón le gane al miedo, que la responsabilidad sea más fuerte que la falsa picardía. Para cuidarnos entre todos.

Por: Jorge Vergara (jvergara@rionegro.com.ar)