Murió el perro «Barbu», un amigo de los roquenses

“Barbu” da con el perfil perfecto de la canción que alguna vez escribiera Alberto Cortez sobre los perros callejeros que se ganan el corazón de las personas.

“Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño que condicionara su razón de ser. Libre como el viento era nuestro perro, nuestro y de la calle que lo vio nacer”. Así era “Barbu” el perro que recorría las principales calles de nuestra ciudad, con paradas fijas, cerca de la pescadería de Sarmiento y 9 de Julio, o de la carnicería de Buenos Aires y Tucumán o afuera del kiosco de Galería del Sol, donde le brindaban comida, agua y mucho cariño.

Solía recorrer las calles de la zona céntrica, descansando en las veredas, donde niños y grandes tocaban su hocico con una caricia. “Era nuestro perro y era la ternura, esa que perdemos cada día más. Era de los niños y del viejo Pablo a quien rescataba de su soledad”.

“Barbu nunca quiso tener un dueño fijo. El sólo se iba con alguien cuando llovía. Como mucho podía pasar una noche en una casa y si alguien lo quería retener, el rasguñaba la puerta para salir y volver a la calle. Esa era su Ley”, asegura Mariana Fernaglia, quien no dudó un segundo en ir a buscarlo la tarde del pasado viernes, cuando por redes sociales se enteró que “Barbu” estaba muy enfermo.

“Yo estaba en el médico, pero no dude en salir corriendo a buscarlo. Estaba tirado en la vereda, afuera del café 43”, dice.

El perro grande y gris terminó finalmente internado en la veterinaria Escudero, donde rápidamente le hicieron análisis, le colocaron suero y otras prácticas para reanimarlo. El sábado estuvieron los resultados de los análisis y las noticias no eran buenas.

“Barbu” tenía temblores, espasmos, mucho dolor. No se podía parar. Los análisis indicaron valores muy altos de urea y creatinina, sustancias que el cuerpo debe eliminar, pero él no podía. Esas toxinas alteraron el resto del cuerpo y le dio un paro cardíaco. Murió el sábado a las 18 horas.

La veterinaria Florencia Martínez, contó que mucha gente se acercó a visitarlo y a darle un último adiós. “Muchos vinieron a aportar dinero para pagar la internación, otros, llorando, se despidieron. Fue tanta la gente que vino, que tuvimos que impedir el ingreso, porque el perro estaba realmente mal”.

Florencia informó que los perros grandes suelen vivir menos que los pequeños, pero el caso de “barbu” era una excepción, ya que tenía al menos 16 años, cuando no superan los 12. “Vivió lo máximo que podía vivir”, indicó la veterinaria.

El velorio

Finalmente “Barbu” tuvo un sepelio, similar al de los humanos y fue sepultado en el Cementerio Parque, donde existe un lugar especial para las mascotas. Asistieron unas 25 personas y fue muy conmovedor, destacó Mariana Fernaglia.

Consultada sobre cómo llegó al cementerio parque, explicó que una señora fue quien aportó el lugar del descanso definitivo de “barbu”. “Ella paga una cuota que le permite obtener tumbas para mascotas, así que donó un lugar para el perro”, dijo.

El pesar se vio en redes sociales con recuerdos como: “Cuando andábamos por calle Tucumán, así de la nada,se te aparecía el “barbu” ,te acompañaba y seguía su camino… Gracias por tu fidelidad y amor, se te va a extrañar barbuchón”.

“Honramos a los perritos en situación de calle porque se ganaron el corazón de los roquenses. No tenía hogar fue parte de todos y se ganó cada corazón”.

“A quien no acompañó unas cuadras? Cualquier comercio fue su refugio, quien no lo veía afuera o adentro de los bancos? donde sea, la calle Tucumán es del “Barbu”! todos lo amamos”.

Alberto Cortez describió al dedillo el sentimiento de las personas por un perro callejero y es el mismo que ha quedado entre quienes lo vieron, lo acariciaron y lo quisieron:

El “barbu” “era el callejero de las cosas bellas y se fue con ellas cuando se marchó; se bebió de golpe todas las estrellas, se quedó dormido y ya no despertó// Nos dejó el espacio como testamento, lleno de nostalgia, lleno de emoción. Vaga su recuerdo por los sentimientos para derramarlos en esta canción”.

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