Las mujeres unidas que se refugiaron en la barda para vivir mejor

El viento pega, el agua falta, un cañadón atraviesa su árido suelo por la mitad. En el cruce de una de las últimas calles públicas al norte de Roca con la calle Damas Patricias, el proyecto que impulsan encontró su lugar. Un cartel las anuncia. Son “Mujeres haciendo comunidad”, un equipo que empuja para que esa tierra salitrosa un día sea una huerta comunitaria en donde ellas mismas cosechen alimentos para llevar a la mesa.

El grupo nació en la toma que amplió aún más al enorme barrio Nuevo. Se encuentra más arriba que la última cuadra de asfalto por calle San Juan. “La unión hace la fuerza”, reza el lema que en ellas se aplica a la perfección. Es que en medio de un contexto en que las carencias se multiplican y en que la violencia las toca de cerca a muchas de ellas, un día decidieron hacer propio el espacio de mujeres para impulsar un cambio.

“Salir a lucharla, eso nos trajo”, aseguró Andrea (40). “Soy mamá de seis chicos, vivo con cuatro y tengo a cargo una hermana con discapacidad. Como mujer cuesta muchísimo remontarla y salir adelante. Venir acá es salir de la rutina de todos los días. Te despejas, charlas, te reís, te enojas, hay mucho compañerismo”.

El pedazo de tierra que sueñan verde se encuentra distante al menos a unos 15 kilómetros de la costa del río Negro y por fuera de la red de agua potable. Es un terreno seco. Allí el recurso llega por una manguera negra de media pulgada a lo largo de varias cuadras, en el recorrido se reparte entre los enganches de numerosas familias. Sumado a que las grietas son otro problema y desparraman parte del agua por las calles, lo que arriba es escaso. En la huerta, con suerte, sale un hilo por la manguera, que la mayoría de las veces está seca.

Igual eso no las desanima. Así como hace un año atrás las mujeres llegaron con su fuerza, palas y carretillas y despejaron la basura, las piedras y los yuyos, hoy se las rebuscan para regar aún cuando el agua es limitada. Con frecuencia hacen un par de viajes de baldes llenos en carretillas desde la casa de una de las integrantes.

“Suponíamos que (el proyecto) no podía llegar a funcionar por el tema del agua y por la mugre que había. Hasta que empezamos a ver que podíamos, porque nunca pensamos en desistir. Cuando sacamos un yuyo, vimos que podíamos sacar otro, otro y otro”, explicó Valeria, una de las primeras en sumarse a la iniciativa.

¿Por qué mujeres?

“El hombre trabaja en otras cosas. Nosotras algunas también y otras no tienen trabajo. Nos hemos encontrado con situaciones de que los maridos no las dejan salir de la casa. Éste es un espacio para eso, para juntarnos entre muchas, invitar a las demás y ayudarnos”, agregó Valeria. “Tenemos una buena idea”, afirmó convencida.

La impulsora del proyecto es María Alarcón, psicóloga social, quien insistió en que “cuesta mucho” que las mujeres del barrio salgan de sus casas. “Este grupo funciona como un espacio de acompañamiento y contención entre nosotras mismas. Es para ayudarnos a nosotras y a los demás. Hay mucha necesidad y la huerta es una manera de generar esa ayuda”, destacó.

Mujeres haciendo comunidad tuvo su primer evento social el día del niño del 2017 y en el año que pasó tomó mayor impulso. Juntas lograron que el municipio llegue hasta el lugar con un camión para llenarle un par de tanques con agua en pleno verano. También que les emparejen la mitad del terreno con una máquina y que les entreguen árboles para que en un futuro funcionen como barrera contra el viento. También recibieron asesoramiento, semillas, tierra fértil y abono del INTA. Con donaciones de postes, rollos de alambre y portones, pudieron avanzar en la instalación del cerco.

En el predio ya tienen esquejes de ciruelo de jardín y de higueras, ajo, membrillo, orégano, romero.

“El año pasado pusimos plantines y todo se secó por la falta de agua. Ésta semana vamos a empezar con los almácigos y esperamos poder empezar a ver verde éste lugar”, finalizaron las mujeres.

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