Las huertas ganan lugar en tiempos de crisis y hábitos saludables

Crece el interés por aprender para poveerse de frutas y verduras orgánicas. Los talleres registran gran demanda. El INTA enseña técnicas y apoya las iniciativas comunitarias. Los casos de una escuela y un barrio.

Alimentación consciente, hábitos saludables, producción orgánica y autoabastecimiento aparecen como los conceptos claves de la ola creciente que lleva a cada vez más personas a hacer su propia huerta.

En Roca hay emprendimientos comunitarios y de particulares que suman experiencia, y gran cantidad de interesados en aprender sobre las técnicas de cultivo de hortalizas, verduras de hojas, frutos y aromáticas.

El proyecto del autocultivo suma adeptos y eso se expresa, por ejemplo, en la demanda de talleres de huerta del INTA. En los últimos dos años el interés para asistir a los cursos hizo un pico y no bajó. Lo vinculan con la tendencia a la alimentación saludable, que se instaló en la rutina de muchos y en la cual proveerse de frutas y verduras orgánicas es fundamental. Aunque también es una alternativa para abastecerse, ante la suba de los precios que ajustan el bolsillo.

Plantines propios. En el taller del INTA les enseñan a hacerlos.

Un éxito escolar

En la escuela primaria 128 de Roca los estudiantes no aprenden la germinación a partir de un poroto envuelto en algodón adentro de un frasco. Tienen un invernadero en el patio, que es el orgullo de la comunidad educativa, en donde siguen el proceso desde la siembra de las semillas hasta el crecimiento de cada planta. Su trabajo no sólo cosechó un rico aprendizaje, sino que también obtuvieron las primeras verduras que días atrás llevaron a casa.

En las últimas semanas comenzó la siembra fuerte. “Pusimos rúcula, rabanito, cebolla de verdeo, habas, de todo. Toda la escuela trabaja, cada grado distintas temáticas. Algunos se dedican a las hortalizas, otros las verduras de hoja, otro grupo hizo plantines de flores para los canteros de la escuela y otro a las aromáticas”, explicó la directora del establecimiento, Iris Zapata. “Los chicos van haciendo un seguimiento y registro del crecimiento, trabajan en el laboratorio también”, agregó.

“La huerta en la escuela surgió como un proyecto institucional de trabajar en hábitos saludables, como la alimentación, la actividad física y el kiosco saludable. Y también ante la necesidad de mostrarles a los estudiantes que había otras opciones para estudiar las plantas. Fue un éxito, hay uno de los nenes que se enganchó tanto que su familia le armó un invernadero chiquito en el fondo de su casa”, destacó la directora, quien señaló que en abril se comenzó con parte de los cultivos en el invernadero que construyeron junto a padres con postes que ellos mismos consiguieron y cubrieron con lona que les entregó el INTA.

Un vergel en la barda

El barrio Quinta 25 se expande sobre la barda Norte. Sobre el final se abre paso entre la vegetación típica de la aridez, un predio con bordos de hortalizas, aromáticas, verduras de hoja y varios frutales en los extremos. Allí hace una década que la comunidad urbana Kume Mapu se puso a trabajar y volvió fértil el espacio.

En plena temporada, el predio de unos 60 por 90 metros permite al grupo el autoabastecimiento con frutas y verduras, la producción de propias hierbas aromáticas y también la realización de aportes solidarios a comedores de la ciudad.

Tienen orégano, puerro, lechuga, acelga, cilantro, zanahoria, habas, cebolla, berenjena, remolacha, morrones, papa, entre otros.

“La ampliaremos más este año. Es para nuestro propio consumo durante todo el año, porque también preparamos conservas, dulces, bolsitas de aromáticas”, explicó Jorge Maripil, el mentor del proyecto que trabaja junto a una veintena de jóvenes de entre 20 y 30 años.

“Por su trabajo cobran un salario, que viene del sindicato de huerteros. Y sacan plantines de orégano o ajos puerro y se llevan para vender, para tener una entrada para la casa”.

Las plantas reciben riego por goteo, los beneficios de contar con una tierra con compostaje -que hacen ahí mismo- y al cosechar, toda su producción es orgánica.

“Es mucho trabajo pero vale la pena. La idea es incentivar el hacer, el venir a trabajar. Nos faltaba hasta el agua, y la conseguimos a través del INTA, fue todo un desafío. Si uno se lo propone, la tierra da todo”, aseguró.

Jorge Milipil fundó la huerta comunitaria de Quinta 25, ahora trabaja con el grupo para ampliarla.

Esperar la cosecha

  • 60 días hay que aguardar para la extracción de algunos cultivos. Otros se extienden 120. La paciencia es clave.

Claves del éxito

  • El sustrato. Es ideal mezclar tres componentes en partes iguales: compost, perlita y turba. De esa manera se retiene la humedad, no se compactan y reciben nutrientes y oxigeno.
  • Profundidad de siembra. El secreto es no enterrarla de más. La formula indica que tan abajo como dos veces y media el tamaño de la semilla.
  • Riego, ni mucho ni poco. La técnica para determinar la humedad justa es apretar la tierra y que esté mojada pero no chorree agua. En invierno cada dos o tres días, en verano a diario.
  • Ojo con las plagas. Atacan las hojas y las frutas de las plantas de la huerta. Se usan preparados botánicos a base de flores para erradicarlas.

“La huerta surgió del proyecto institucional de trabajar en hábitos saludables, como la alimentación, la actividad física y el kiosco saludable” Iris Zapata, directora de la escuela primaria 128 de Roca.

“Es mucho trabajo pero vale la pena. La idea es incentivar el hacer, el venir a trabajar. Si uno se lo propone, la tierra da todo” Jorge Milipil, referente de la comunidad Kume Mapu que tiene la huerta en Quinta 25.

“La demanda es muy fuerte. todos los lugares son aptos, porque en los más complicado se usan contenedores, y andan muy bien” Pablo Vázquez, técnico de Prohuerta del INTA Alto Valle.

Todo se aprende en los talleres del INTA

El manejo de plagas, la diversidad de vegetales en la huerta, las flores y el cultivo de aromáticas, son algunos de los temas que se abordan en los talleres de Prohuerta.

Pero antes de todo eso, el primer paso es preparar el suelo y armar el espacio para el cultivo. “La parte más dura de hacer una huerta es el inicio, cuando el suelo está desnudo y tengo que trabajarlo para plantar”, indicó Mario López, titular de la Estación Experimental Agropecuaria Alto Valle del INTA.

Los cursos que dicta el INTA son integrales, es decir, la propuesta de capacitación incluye desde el diseño para la construcción de la huerta, la preparación del suelo y composición de la tierra, el sistema de riego, la técnica de compostaje, el cómo hacer la siembra y el posterior desmalezamiento.

También enseñan sobre preparados botánicos para combatir las plagas que se suelen presentar en las plantas.

Los especialistas insisten en que todo espacio es apto para cultivar. “Hay algunos que son más rústicos y se pueden empezar a mejorar. Empiezan con acelga, espinaca, radicheta y rúcula. Andan bien los zapallos y el tomate es adaptable. Para los lugares más complicados se utilizan contenedores”, amplió el técnico de Prohuerta, Pablo Vázquez.

El principal problema que aparece en las huertas se relaciona con la frecuencia del riego, más aún cuando el acceso al servicio de red es limitado.

Lo ideal es realizar un riego casi todos los días en temporada estival, ya que siempre tiene que contar con humedad. En invierno es cada dos o tres días. “De mediados de diciembre a fines de enero es el tiempo más complicado”, consideró López.

Cada taller del INTA convoca a entre 50 y 60 personas, también incluye a escuelas. Cuando los encuentros son más masivos, en el Consejo Deliberante por ejemplo, la asistencia es más masiva.

Comentarios