“Las Cuarenta”, la esquina de las mil historias

El viejo almacén del Barrio La Ribera resiste el paso del tiempo. Conserva su impronta desde 1968. Lo construyeron Manuel Fernández y Delia Fuentes. Lugar de reuniones. Fue tango, naipes y copetín al paso. 

“Esa esquina concentraba mucha vida, imagínate que a veces entraban de 7 a 15 clientes; apoyados sobre el mostrador disfrutaban de su vaso de vino o una cerveza. Alguna que otra trifulca tuvieron que saber sobrellevar mamá y papá”, respondió con firmeza Edith Fernández, ante mi primera inquietud.
Lleva medio siglo en pie, y con atención al público.

Conserva su fachada. Paredes altas y gruesas, y en su interior un antiguo mostrador (heladera) que sigue sirviendo al cliente. La esquina sobre la que se posa el Almacén “Las Cuarenta” es casi una síntesis del quehacer del ayer (Mercado en principio).

Indagar los orígenes de “Las Cuarenta” es una tarea ardua. Con la certeza absoluta conspira la falta de fuentes. Viejo mercado de ramos generales. La venta a granel ya quedó en el pasado, es recuerdo. Lugar de reuniones que le ha gana batallas a los duros inviernos patagónicos. Al Golpe Militar del 76 también. Siempre bajo una sombra de Chacras. Rodeado de álamos y frutales.

No puedo avanzar tan rápido. Tengo que ser justo con Hugo Guajardo, quien me permitió empezar a recordar Las Cuarenta.

El 31 de diciembre de 2017 entrando a las intersecciones de Primeros Pobladores y Nahuel Huapi,

Hugo me exclamó sorprendido: “yo venía a este almacén cuando tenía 8 ó 9 años, a la salida del colegio o cuando andábamos jugando por la Laguna de Parra (nombre que los lugareños, en los años ‘70, le empezaron a dar al canal de riego que pasa a escasos 30 metros)”.

El emotivo relato de Hugo me obligó a detener el vehículo y profundizar la charla. Entró enseguida en nuestra conversación Cristina (actual dueña). Adentro de Las Cuarenta, ahora, Hugo siguió recordando historias.

Foto: Cesar Izza

“Acá estaba yo, me colgaba de éste mostrador porque no llegaba a ver a la señora que le comprábamos los caramelos. Éste mostrador debe tener como 45 años, era algo más amplio el salón”, palabreó Hugo.

La llegada del 2018 nos llevó a cerrar la puerta del local (hoy de hierro, ayer de madera), pero en mi mente ya se había instalado el pasado de Las Cuarenta.

Me acuerdo que nos colgábamos de este mostrador cuando le comprábamos los caramelos a la señora. Hugo Guajardo, antiguo cliente

Llegamos al diálogo con Edith por intermedio de uno de sus cuatro hijos (Fernando Rodríguez). Hija de Manuel Fernández Enríquez y Delia Fuentes, Edhit se introdujo a la recuperación enseguida.

De memoria sana y predisposición, recordó: “Mi papá nos confesó que lo llamó “Las Cuarenta” en homenaje al tango de Roberto Grela y Francisco Gorrindo”. Resultó el edificio una extensión de una pieza pequeña, ocupada por un peón.

Manuel y Delia dejaron casi 30 años de vida comercial en el Hotel Roca (hoy Rentas). Y con sus ahorros edificaron un salón de 8 x 5 metros. Pasillo, baño, cocina pequeña y un espacio para las mercaderías.

Así nació el mercado “Las Cuarenta”. Con los años fue tango, naipes y copetín. Hoy es nostalgia. Pero también esquina que obligó por años al viejo transporte La Balsa a detener su marcha para que suban o bajen pasajeros.

Se vendía carne, verduras, de todo. Compraban ahí, no en el centro. A veces había que entender hasta la madrugada. Edith Fernández, hija de Manuel y Delia

Los clientes se topan, todavía, de forma cotidiana con un mostrador de seis puertas que sería codiciado por cualquier coleccionista de antigüedades. Con el tiempo las mesas y sillas de su interior invitaron a tomar una copa. “Y obvio, nunca faltaban las mamuas y discusiones”, contó Edith.

La esquina ganaba en popularidad cuando llegaban los peones (de Chile y otras ciudades de la región, esos que tomaban las 10 piezas ubicadas en el fondo del viejo galpón de la firma Zetone & Sabbag SA) para levantar las cosechas.

También aquellos trabajadores del que fue el primer horno de ladrillos de la ciudad (instalado a unos 200 metros).

Las arcas de “Las Cuarenta” supo conquistar a muchos, como anunció en el inicio de esta historia Edith. Y también nos relató, “mamá no daba abasto, era mucha la gente que entraba. Recuerdo que La Balsa hacía una parada obligada en la esquina, salía del centro, viajaba por lo que hoy es Viterbori y doblaba en Nahuel Huapi, eso también le llevó clientes”.

Don Manuel y Delia abrieron las puertas de Las Cuarenta en el año 1968. Tras varios cierres y aperturas el local volvió a llevar su nombre original. La actualidad lo dice.

Cada mediodía y cada tardecita el almacén despliega de forma espontánea su servicio, haciéndole honor a su primer nombre y función. Los vecinos o quienes lo visitan -hoy- prefieren la cerveza al paso.

Cuenta Edith que después de 17 años Manuel y Delia abandonaron el rubro, y el lugar. “Las Cuarenta”, como lo bautizó Manuel vio comprar, cantar y, como toda carta que su jugó en su interior, tuvo su contra. Vio “Las Cuarenta” a ese que “dobló la esquina del barrio y, curda ya de recuerdos”, armó mil historias…”.

Foto: Cesar Izza

“Fue una vida muy sacrificada la que tuvieron”

Manuel Fernández Enríquez y Delia Fuentes tuvieron cuatro hijos. Edith (docente jubilada) se encuentra en nuestra ciudad y fue quien nos posibilitó llevar adelante la presente recuperación de “Las Cuarenta”.

Los restantes tres hijos del matrimonio se encuentran afuera del país, ejerciendo su vida laboral y familiar. Edith nos detalló que fue un cambio abrupto el que decidieron afrontaron sus padres en aquel tiempo; “Fue una vida sacrificada la que tuvieron en Las Cuarenta”, recordó.

Manuel había decidió dejar la vida comercial del antiguo Hotel Roca en 1967, y a los meses levantó el mercado. Había conocido a Delia (llegada del norte neuquino) en su trabajo, el Hotel, y se casaron en 1940.

Edith continuó -con su pareja- la vida comercial del hotel mientras nacía la vida social de “Las Cuarenta”. Lugar que decidieron abandonar comercialmente por cuestiones de salud de Delia 1985.

El viejo mercado resiste al paso del tiempo y se mantiene, aunque el entorno no sea el mismo. La calle de tierra (Primeros Pobladores), por ejemplo, ya fue sepultada por el asfalto. Nahuel Huapi conserva su estado, recordó, entre otras cosas, Edith.

El Tango “Las Cuarenta”

Con el pucho de la vida apretado entre los labios,
la mirada turbia y fría, un poco lerdo el andar,
dobló la esquina del barrio y, curda ya de recuerdos,
como volcando un veneno esto se le oyó acusar.

Vieja calle de mi barrio donde he dado el primer paso,
vuelvo a vos, gastado el mazo en inútil barajar,
con una llaga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos,
que se rompió en un abrazo que me diera la verdad.

Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno,
sé del beso que se compra, sé del beso que se da;
del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga,
y sé que con mucha plata uno vale mucho más.

Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran
y, si la murga se ríe, hay que saberse reír;
no pensar ni equivocado… ¡Para qué, si igual se vive!
¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!

La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron;
cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar;
la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo…
Toda carta tiene contra y toda contra se da!

Hoy no creo ni en mí mismo. .. Todo es grupo, todo es falso,
y aquél, el que está más alto, es igual a los demás…
Por eso, no has de extrañarte si, alguna noche, borracho,
me vieras pasar del brazo con quien no debo pasar.

Cifras

  • 1968 fue la apertura del mercado “Las Cuarenta”, un ramos generales que abasteció a los lugareños de La Ribera.
  • 17  años estuvieron a cargo del Mercado “Las Cuarenta” Manuel Fernández Enríquez y Delia Fuentes.

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