La gastronomía baja persianas por la crisis

El rubro gastronómico afronta una situación terminal desde que se declaró la pandemia por el coronavirus. El sector es uno de los más afectados y no logra resistir el impacto económico al tener sus puertas cerradas y no generar ingresos. En los últimos días dos locales comerciales cerraron definitivamente.

Tras décadas de servicios, dos conocidos cafés de la ciudad no pudieron resistir los embates del parate de la actividad y dejaron la atención al público. Uno de ellos es el Bar Avenida, un emblemática confitería ubicada en la esquina de Roca y Tucumán que la semana pasada anunció su cierre definitivo. El otro caso es el de Reggio Café, que la semana pasada decidió bajar las persianas. No pudieron sobrellevar los costos fijos acumulados por el parate que trajo la cuarentena.

Por el mismo camino podrían continuar otros comercios vinculados al rubro. Es cuestión de horas afirman los empresarios ya que es una de las primeras actividades que ingresó en la cuarentena y estiman que una de las últimas en salir de la misma.

“En nuestra cuidad estimamos tener en 170 y 200 establecimientos afectados con algún emprendimiento gastronómico, hay que calcular unas 10 personas promedio que trabaja en cada uno de ellos. A esto se debe sumar la subocupación que genera, personal de seguridad, mensajería, extras para los eventos y ni hablar las ferias gastronómicas que tan buen resultado le han dado a la ciudad. Nuestro cálculo es que entre 1.500 a 1.800 familias viven de la gastronomía”, explica en un comunicado Adrián Mucarsel, referente gastronómico y actual vicepresidente de la Asociación Empresaria, Hotelera y Gastronómica de los Valles de Río Negro.

La actividad encierra hoteles, bares, restaurantes, pubs, confiterías, casas de comidas, pizzerías, heladerías, cervecerías, discotecas, salones de eventos y fiestas, entre otros. En su mayoría no están en actividad por el aislamiento y los funcionan lo hacen a través de la modalidad delivery o venta telefónica.

El delivery para nosotros no existe. Abrimos o vamos a tener que vender bienes para afrontar los gastos”.

Adrián Mucarsel (El Molino)

“Este tipo de ventas significan entre un 5 y 8 por ciento en un día normal con puertas abiertas y en los horarios habituales. Por ejemplo, implica un 30 por ciento del total en un comercio gastronómico”, explica Mucarsel.

“Es una ecuación matemática sencilla, sino puedo generar ingresos no se puede pagar nada”, destaca”, agrega.

Por este motivo es que a través de la entidad están elaborando una propuesta para acercarle al gobierno provincial con la intención que les permitan volver a trabajar.

“Vamos a pedirle que consideren la posibilidad de reanudar la actividad con los protocolos adecuados y sino es posible contar con un subsidio para poder continuar con las fuentes de trabajo. Con este escenario es imposible sostener los gastos que tenemos”, sostiene el dirigente.

La gastronomía tiene su esencia en los clientes que asisten a los locales comerciales y en alguna medida va de la mano con el turismo. Este nexo hoy resulta imposible de concretar por el aislamiento debido al virus.

“Con ciertos protocolos de sanidad podemos seguir. Una situación parecida vivimos hace diez años con la pandemia de la Gripe A, que tuvo más de 250 casos en Río Negro y varios fallecidos. Esto se combatió y acompaño con un protocolo para cada sector porque la sociedad en ese momento se pudo adaptar a la situación y siguió su vida normal”, explica el comerciante.

“No estamos en condiciones de esperar más tiempo. Esto se soluciona con ayuda económica o bien con una ley de ayuda financiera que nos alcance”, concluyó Mucarsel.

El Molino es una de las confiterías que no puede generar ingresos y sufre costosas pérdidas. (Foto Juan Thomes)

Los rubros que intentan una reactivación

Varios rubros que estuvieron afectados en sus ventas desde el 20 de marzo cuando se inicio la cuarentena obligatoria. Dificultades para abonar los alquileres de los locales a partir de abril, en muchos casos. Desde la semana pasada reabrieron sus puertas con horarios reducidos a 4 horas por día y tres veces por semana.

De acuerdo a un informe elaborado por referentes de rubros que incluyen regalería, bazar, cotillón y ópticas, los gastos que demandan implementar los protocolos, entre máscaras, barbijos, alcohol en gel, lavandina, guantes, cartelería, rondan aproximadamente los $3200.

Estiman, en un informe elaborado por CAIC, que cuando comiencen a funcionar otros rubros como gastronomía, salones de eventos y gimnasios , que permanecen cerrados, habrá una reactivación que será favorable para todos.