Estudiantes viajan a Jacobacci para construir molinos y extraer agua

Satisfacer las necesidades de agua para un emprendimiento productivo y la familia que habita en un paraje de la Línea Sur, o la demanda de uno de los viveros forestales que tiene como misión proveer de árboles al sector, son los objetivos de las clases de Matemática y Estadística de los estudiantes de primer año de la Tecnicatura Superior en Mantenimiento Industrial de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN).

Es que la planificación de las clases se despegó de los cálculos matemáticos “que servirán en un futuro”. Los estudiantes aprenden y trabajan con la motivación de estudiar para aplicar al presente: construirán e instalarán ocho molinos de viento para extraer agua en parajes de Jacobacci.

Esa es la propuesta del doctor en Didáctica de la Matemática Pablo Carranza, docente de la materia, y que apuesta al desarrollo de proyectos en el campo.

“El cálculo de la potencia que requerimos en la bomba, la palanca y si el viento es suficiente… así aprenden matemática los estudiantes, con un caso concreto”, apuntó Carranza, quien impulsó la construcción de hornos solares en 2014, de molinos desde el 2015 y que ya planifica la fabricación de una potabilizadora de agua solar.

La problemática de difícil acceso al agua en la Línea Sur fue el disparador para el trabajo que desarrollarán durante todo el año. El próximo fin de semana una comitiva de docentes y 40 estudiantes –de entre 18 y 50 años– viajará a visitar emprendimientos de pobladores y viveros para relevar el terreno y condiciones para instalar los futuros molinos.

Para ello deberán hacer cálculos teniendo en cuenta las variables de profundidad del agua, geografía del lugar, consumo requerido, tipo de suelo, entre otros valores.

“Buscamos una motivación y un compromiso en los estudiantes. Ya no es que deben cumplir sólo con el profesor, sino también con ese poblador al que visitaron que necesita algo bien hecho para resolver una demanda que tiene”, enfatizó el docente.

Sustentable

“Elegimos un diseño económico, de bajo mantenimiento y que se puede construir con materiales de descarte”, explicó Carranza.

Los molinos elegidos tienen un eje vertical en vez de horizontal, lo que permite una construcción más simple. Se pueden construir con un tambor de 200 litros cortado a la mitad, una campana de freno de auto en desuso y una bomba para el agua.

“En un mes y medio tendríamos listo el primero y luego arrancaría una construcción en serie de tres más. Para después del receso de invierno iríamos a Jacobacci a hacer los otro cuatro molinos pero en junto con los estudiantes de la escuela técnica de allí”, amplió Carranza.

“Al tener un acceso rápido al agua los pobladores pueden hacer huertas y cambiar su dieta, forestar, tienen otros beneficios además del productivo”, destacó el profesor.

Cómo una idea mutó en un gran proyecto

El desarrollo de la idea requirió el trabajo conjunto con asesores y colaboradores de la Universidad Nacional del Comahue (UNC), la Universidad de Flores (UFLO), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Ente de Desarrollo de la Línea Sur, el Ministerio de Educación de Río Negro y la comisión Nacional de Energía Atómica.

La iniciativa cuenta con respaldo financiero de 700.000 pesos a partir de la participación en una convocatoria del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Nación. Con dicho dinero se costeará los gastos de los viajes de los estudiantes, la compra de herramientas y el gasto en materiales para la fabricación de los molinos.

Más económico

  • $ 35.000 es el costo estimado que demandará la construcción de cada molino. Uno industrial cuesta el doble en el mercado.

Comentarios