El comedor “Nueva Luz” cosecha lo que siembra: solidaridad

Por Eva Murati Liberati
emurati@rionegro.com.ar

El comedor de Barrio Nuevo no está solo en su lucha diaria por contener a las familias más vulnerables. Hay vecinos que ayudan a cocinar y a servir el almuerzo.

El merendero “Nueva Luz” funciona hace cuatro años y actualmente le brinda el almuerzo 80 chicos y chicas de lunes a viernes. Incluso funciona como delivery para las personas que no pueden asistir, por la distancia, por el horario escolar o porque son familias numerosas. Numerosos grupos colaboran para su funcionamiento.

Diego Ayarra junto a su esposa colaboran hace aproximadamente un año con “Nueva Luz”. Comenzaron donando alimentos no perecederos, y hace tres meses, los días feriados, principalmente, llevan la comida cocinada lista para servir. “Siempre que podemos ayudamos a Miriam, para que no cargue con todo el trabajo sola”, expreso el señor.

“Nueva luz” nació de la mano de Miriam Muñoz y Alexis Stuardo, por la necesidad que tienen las familias del norte de la ciudad. El lugar se planeó como merendero, se organizaron para dar la leche todos los sábados y reunieron 15 niños y niñas.

Sus pioneros, luego de la primer merienda entendieron que los pequeños necesitaban almorzar “porque tenían mucho hambre”, contó Miriam a “La Comuna”. Así comenzó este lugar, que hoy acoge a más de 80 chicos que van a almorzar de lunes a viernes y se sostiene con la ayuda de vecinos de la ciudad que aportan con comida o ayudan a cocinar y a atender.

“Lo hacen para ayudar a los niños, a nosotros y darnos un descanso” relata su impulsora. Hay algunas instituciones que ayudan en algunas ocasiones, pero su principal proveedor es la sociedad.

Dentro de ese contexto, la realidad social golpea constantemente. En el merendero aparecen casos de maltratos y abusos sexuales que sufren los chicos en sus casas, hay otros que a pesar de estar en edad escolar no saben hablar, están quienes tienen familias numerosas y aquellos que no tienen contención por parte de sus madres o padres.

Hay dos jóvenes mujeres que trabajan diariamente de manera voluntaria en el lugar para ayudar y para que sus hijos puedan almorzar. Una de ellas tiene 22 años, dos hijas y hace poco tiempo se alejó de las adicciones.

Muchas personas colaboran con el merendero, que intenta brindar contención a muchos niños y niñas del barrio. Colaboran con materiales para la construcción, con alimentos para los almuerzos, con ropa, con los talleres y charlas que brindan, en la cocina a preparar la comida y para servirla.

Miriam expresa “no puedo dar un número de personas que colaboran, porque son varias y lo hacen de diferentes maneras”. Además especificó que las cosas que no son necesarias para el merendero se donan a otros centros comunitarios o a las familias más carenciadas que asisten al lugar.

Alexis es empleado de seguridad y trabaja de noche, ha realizado trabajos de electricidad para algunas familias que lo requieren. Actualmente la pareja, además de sus cuatro hijos, acogen temporalmente a dos niñas de un hogar que esperan solucionar sus problemas con la familia biológica.

“Oficialmente, es la primera vez que tenemos a dos nenas en casa”, relata Alexis. En otra oportunidad, cobijaron a una adolescente por tres meses porque en su casa no había lugar hasta que sus padres no tuvieran una vivienda. “No se quería ir, se fue llorando y al tiempito quedó embarazada. Me quedo con la idea que capaz que lo podríamos a ver evitado si nos ajustábamos más en casa”, contó.

Foto: Emiliana Cantera

Además dictan talleres de guitarra y canto (que ofrece provincia), manualidades que lo dicta Miriam, y electricidad domiciliaria. También realizan charlas, “todo lo que sea de contención para los chicos” y clases de apoyo escolar.

El desafío de construir un espacio propio

En sus comienzos y hasta hace poco, “Nueva Luz” funcionaba en una Iglesia donde sufrían mucho el frío. En verano el nylon, que funcionaba como techo, hacía transpirar mucho el ambiente y sufrieron varios robos.

El pasado 23 de diciembre, inauguraron un espacio propio que se construyó en el terreno de la casa de Miriam y Alexis, también con la ayuda de los vecinos de Roca y de algunas empresas que donaron materiales.

“Me costó pero me decidí y construimos acá. Está abierto a toda la comunidad y disponible para hacer todo lo que sea productivo”, enfatiza su pionera. Actualmente están construyendo los baños y la cocina para completar el lugar.

Miriam relata que cocinan y brindan sólo el almuerzo a partir de las 12 el mediodía en tres tandas, aunque “hay nenes, que como hace tanto frío en los ranchitos, a las 9 o 10 de la mañana ya están acá y les preparamos el desayuno con lo que tenemos” contó.

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