Jardines maternales: 100 días cerrados y sin salida a la vista

Sólo tratan de sobrevivir. Algunas organizan rifas, otras venden pastas, y hasta incluso se las han ingeniado para armarse una clientela y oficiar de delivery para la venta de frutas y verduras.

Se trata de las propietarias y personal de los jardines maternales de Roca que, tras cien días de pandemia, tratan de subsistir en un rubro que no está catalogado como esencial. Esa característica es la complica sus posibilidades de conseguir algún tipo de beneficio de parte del Estado que las ayude en medio de la pandemia por coronavirus.

Los jardines maternales recibían niños de 0 a 3 años. Todas reconocen que resulta imposible volver a la actividad en este contexto. (foto: Juan Thomes)

En Roca, en total, suman unas 13 instituciones y casi un centenar de personas se movía alrededor de esos jardines que, en promedio, albergaban a unos 40 o 50 niños cada uno.

Alicia Zottele es la propietaria del Oso Mimoso, que ahora funciona en Isidro Lobo 542 pero que desde hace 30 años tiene las puertas abiertas.
“Estamos fuera del sistema educativo, los jardines maternales no estamos subvencionados por Estado.
En épocas normales se sostienen con lo que pagan los padres, pero ahora desde hace cuatro meses que no ingresa dinero”, explicó

Luego aclaró que como no resultan un servicio esencial, figuran como comercio por lo que resulta muy difícil acceder a cualquier asistencia del Estado. En su caso, contaba en su planta con siete personas y al gasto de salarios debe sumar el pago de alquiler y servicios del local. En total, calcula que sólo de gastos fijos tienen que desembolsar una cifra superior a los 200.000 pesos.

Buscan salir de la crisis con rifas o ventas de pastas. (foto: Juan Thomes)

“Tratamos de hacer rifas, venta de sorrentinos o algunas otras actividades que nos dejen algo de dinero. Repartimos entre el personal y dejamos un porcentaje para el alquiler”, aseguró la docente quien remarcó que “no hay horizonte” y por las características de su actividad resulta muy difícil sostener un espacio de estas características.

El municipio anunció la semana pasada una línea de préstamos con tasas subsidiadas, pero el tope por emprendedor es de 100.000 pesos.
En ese contexto, la incertidumbre reina entre las propietarias de los jardines maternales privados de Roca
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Gabriela Martínez y Verónica Tronelli son las dueñas de Garabatos, en Stefenelli, y juntas están tratando de mantener a flote el proyecto que llevan adelante desde hace ocho años.
Normalmente tenían unos 25 niños que en su mayoría eran hijos de docentes y profesores que trabajan en la primaria y secundaria de ese barrio ubicado al este de la ciudad. En total eran cuatro maestras, que desarrollaban actividad de 7 a 19 horas.
“Ahora sólo contamos con la colaboración de cinco padres que siguen pagando su cuota, como un aporte solidario. Yo tengo otro trabajo y mi compañera también está en búsqueda de una nueva fuente de ingreso, pero nuestra situación es complicada”, explicó Gabriela.

No pueden volver
Por más que quisieran, las docentes coinciden en que este escenario es muy complicado para volver a la actividad. Es que prácticamente todo lo que está prohibido forma la parte esencial de la tarea que se desarrolla en un jardín maternal donde asisten niños de 0 a 3 años.
“Lo nuestro es corporal desde el momento en que cambiamos los pañales y le damos la mamadera. En nuestro jardín, el más chico tenía nueves meses y a esa edad se necesita de un abrazo o estar a upa”, detalló Gabriela y agregó que la tarea no es la misma que se desarrolla en un jardín al que asisten niños de cuatro o cinco años, a quien se les brinda otro tipo de educación.
En esta misma línea se manifestó Zottele, quien destacó que resulta imposible generar una clase por Zoom o se le expliquen consignas a través de un video. “Todo lo que podemos hacer es lo que está prohibido”, dijo resignada, y aclaró que necesitan de medidas urgentes para poder mantener a flote sus emprendimientos.
“En este contexto no queremos abrir. Somos las principales partidarias de cuidar la salud pero si necesitamos subsidios o una ayuda nacional, provincial o municipal”, dijo.
Las dos docentes coincidieron en señalar que necesitan una ayuda urgente del Estado. “Nos ofrecen un crédito es verdad, pero cómo hacemos para devolverlo si todavía no sabemos cuándo abriremos nuestros jardines y mucho menos la cantidad de alumnos que tendremos”, aclaró Martínez.

Del jardín a la venta por delibery

María Inés sale todas las mañanas a comprar frutas y verduras en los mercados mayoristas. (foto: Juan Thomes)

Cien días atrás, María Inés Helling se despertaba pensando en los niños que todas las mañanas llegaban en brazos de sus padres a “Pomporerá”, el Jardín Maternal que funciona en su casa ubicada en calle Estados Unidos al 400.Pero desde el 20 de marzo, su situación personal y económica cambió de manera sustancial.

Después de la declaración del aislamiento social preventivo y obligatorio; todo lo que había construido con tanto esfuerzo comenzó a desmoronarse.
Esta “seño” relató que a lo largo de su vida desarrolló muchas actividades para poder subsistir, aunque nunca imaginó que de un día para el otro pasaría de cuidar bebés a salir a buscar frutas y verduras para repartir y vender entre los vecinos de Roca.

Ya no recibe a los niños en su Jardín, ahora María Inés hace delibery de frutas y verduras. (foto: Juan Thomes)

Esta maestra recordó que desde muy joven supo que su futuro estaba en la docencia por eso se decidió a trabajar con niños y centró sus estudios de Maestra Jardinera en la ciudad de Cipolletti.

“Trabajé en una escuela privada durante 13 años, luego en una escuela pública rural donde había muchas necesidades”, recordó con nostalgia.
Luego vino el proyecto de un jardín maternal junto a su hermana, con quien finalmente lograron abrirlo en su domicilio particular
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Con el tiempo, continuó sola al frente del emprendimiento que le trajo muchas satisfacciones, aunque todo cambió tras la declaración de la cuarentena por la pandemia.

María Inés asume que con la misma frescura que recibía a sus niños, ahora debe prepararse para salir con su auto a visitar a los vendedores mayoristas de verduras y frutas para comenzar a cumplir con los pedidos de sus clientes. Y no teme en reconocerlo. Sabe que el trabajo “dignifica” y lo hace con el mismo compromiso y responsabilidad.

María Inés cambió el jardín por el delibery de frutas y verduras. (foto: Juan Thomes)

“Es doloroso entrar y ver (el jardín) que todo sigue igual. Esto es global y entiendo que son medidas que se han tomado para preservar a la familia. Es la única manera de poder controlar esto que es tan difícil. Hasta que no salga una vacuna, vamos a tener que aprender a convivir con el Covid-19”, declaró.

Para María Inés, en este contexto, no se pueden abrir los jardines. “Yo no hablo de un servicio. Hablo de un ser humano. No caminan, no se alimentan solos y son vulnerables y es algo frágil. Son incomparables para cualquier papá o familia. Es una responsabilidad tan grande. Te eligen y te dan a su cuidado lo más importante que tienen en la vida, eso no tiene precio”, explicó esta maestra quien remarcó que es necesario contar con asistencia para evitar el cierre de su emprendimiento.