Editorial: Sensación de control y desafíos al Estado

Algo más que la posibilidad de implementar un efectivo control de circulación se perdió la noche del 5 de junio, cuando autoridades locales y provinciales terminaron cruzando reproches por la autoría intelectual de los bloqueos con tierra en los puentes sobre el Canal Grande.

De haber surgido una idea más elaborada que el cierre con terraplenes, ese día una buena parte de los roquenses hubiesen asimilado que la recomendación de quedarse en casa tenía fundamentos sanitarios importantes.

No ocurrió. Nunca se supo bien por qué o por quién. Y luego de esa falla inicial, estos tres meses que pasaron fueron suficientes para que muchos vecinos que habitan la zona urbana naturalicen la idea de que los controles son declamaciones alejadas de la realidad. O en el mejor de los casos, un espasmo, como los 10 días de operativos con Gendarmería en las calles.

Lo preocupante es que no se trata de una sensación. Es real. Roca tiene controles en sus accesos, pero dentro de ese perímetro el movimiento es intenso desde hace meses.

La convicción de la mayoría es que, ante una salida injustificada, hay una posibilidad remota de tener que dar explicaciones. Y así continuaron las visitas, las reuniones sociales. Y así aumentaron los contagios de covid-19, llegando a este punto de inflexión en el que estamos cara a cara con el momento de elegir a quién se le asigna un respirador.

Por eso, el pedido de informes de la semana pasada de la intendenta, María Emilia Soria, al Ministerio de Seguridad, sobre la cantidad de efectivos y el plan definido para desplegarlos en Roca, podrá tener respuestas políticas, pero difícilmente conduzca a un cambio rápido en la conducta de esos vecinos que no respetan las pautas preventivas.

Instalar una idea, modificar hábitos, no es algo que se logre de una semana para otra y en la ciudad se perdió valioso tiempo para conseguir esos resultados.

La Policía buscó responder a los planteos de Soria. Ayer se difundieron imágenes de un “operativo especial” que se realizó el fin de semana en la zona ribereña y en el Paseo del Bicentenario.

Pero la realidad aparece más compleja que una crítica y una respuesta por comunicados de prensa, porque de manera inquietante, en Roca se acumulan los desafíos al poder estatal.

Vecinos de Paso Córdoba concretaron ayer la salida a la Ruta 6 que habían anunciado a mitad de la semana pasada, sin cortar el tránsito, pero con señales hostiles hacia quienes buscan recreación en la costa y en las bardas.

Gobernar una ciudad implica enfrentar esas dualidades. En junio la reacción fue porque no se podía transitar libremente por la ciudad y a fines de agosto el reclamo airado es para que se impida la circulación.

Claro que hay matices sociales, físicos y económicos entre los dos escenarios, pero el punto en común es que ambos casos los vecinos tuvieron el impulso de ocupar el lugar asignado por las normas para los organismos del Estado.

Y lo que otorga entidad a este tipo de reacciones es que no son aisladas. Otros dos avisos se sumaron la semana pasada: los gastronómicos dijeron que este martes -con Fase 1 o intermedia- abrirán sus puertas sí o sí. Y la CAIC lanzó una convocatoria abierta a instituciones y vecinos, erigiéndose como articuladora de las soluciones que no consiguen los gobiernos de la ciudad y de la provincia.

Señales de legitimidad perdida, en tiempos donde los liderazgos se necesitan más fuertes que nunca.

Por: Hugo Alonso halonso@rionegro.com.ar

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