Cerrar a las 23: ¿Yo señor? No señor

El nuevo ascenso de la curva de casos activos de coronavirus ofreció una segunda chance para el trabajo coordinado en los distintos niveles del Estado.

La primera experiencia de Roca fue compleja. Un inicio de diálogo y predisposición alentó expectativas, pero a mitad del 2020 reapareció el germen de la discordia y todo derivó en una acción municipal mucho más tibia que al principio en la importante tarea de prevenir contagios.

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Nación forzó el nuevo intercambio entre los gobiernos provinciales y municipales, con su idea original de vedar la circulación entre las 23 y las 6 de la mañana.

Aquél espíritu colaborativo esta vez no se observó. Lo que dejaron ver, tanto desde Provincia como desde el Municipio, fue la intención de esquivar la responsabilidad de imponer y hacer cumplir las restricciones.

Ya desde el viernes surgió herido el decreto nacional, porque en realidad no se decretó nada sino que se sugirió a los gobernadores y jefes comunales que tomaran medidas tendientes a reducir la circulación.

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La primera incomodidad fue para el equipo de Arabela Carreras, políticamente en deuda con el poder central que ayudó a llegar a fin de año con las finanzas, pero que al mismo tiempo conoce la estrechez de su licencia social para mandar a los rionegrinos a dormir a las 23. Ya se intentó algo parecido hace un par de meses y las protestas en las calles y en las viviendas de los intendentes hicieron saber rápido que los cierres rígidos alimentan los ánimos rebeldes en la provincia.

El segundo trago amargo lo tuvo la intendenta María Emilia Soria, que no sólo tuvo que definir una postura que evite el mal humor de los roquenses, sino que también estuvo exigida para no contradecir al gobierno nacional de su partido.

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Aparecieron entonces las miradas hacia el costado y hacia arriba, reclamando más firmeza a la Justicia y a la Policía provincial.

Claro que la mandataria local no esperaba quedar en un brete tan rápido.
La Policía y la Justicia encabezaron en la madrugada de ayer un operativo en un predio municipal
, donde encontraron a unas 300 personas en medio de una fiesta motoquera.

El organizador del evento declaró ante los efectivos que la autorización para que las bandas siguieran hasta las 3 o 4 de la madrugada la había dado “de palabra” la propia intendenta, algo que seguramente deberá ratificar o rectificar en la causa penal, pero que de todas maneras fue suficiente para complicar el fin de semana de la gestión local.

En síntesis: Nación tomó una medida y a mitad de camino se dio cuenta que no reunía los avales suficientes para hacerla efectiva (no fue casual que el presidente Fernández se corriera de la escena y deje las conferencias en manos de Cafiero).

La Provincia sabe que es muy difícil hacerla viable pero no encontraba hasta ayer las palabras para hacérselo saber a la amable Casa Rosada. Y el municipio que tampoco está dispuesto a frenar el movimiento económico tuvo en su propia estrategia el origen de una severa contradicción.

Sin dudas, articular medidas en medio de la pandemia no es una tarea sencilla. Lo que cuesta asimilar es la recurrencia de los desencuentros, que socavan la imagen de autoridad que debería preservarse en estos tiempos tan sensibles.

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