Coronavirus: los que vuelven a casa y quienes siguen en la lucha

Por Facundo Rumene

En el hotel Huemul, de Roca, se reciben pacientes con covid y se dan otros de alta todos los días. Enfermeros y recuperados cuentan sus sensaciones en este particular contexto.

La pandemia cambió el significado de muchas cosas. A veces, las despedidas son dolorosas y generan tristeza. Pero lo que se vive en los centros de atención para pacientes recuperados de covid-19 cuando ellos abandonan el lugar, genera que la palabra despedida tenga otra connotación. En estos casos conllevan alivio, tranquilidad y la alegría de volver a casa.

Cuando madre e hija llegaron al Hotel Huemul de Roca ya no registraban rastros sintomáticos de coronavirus. “Estuvimos seis días, llegamos el sábado. Habíamos tenido síntomas al principio”, comenta Silvina, paciente recuperada que en las últimas horas dejó el lugar y regresó a casa.

Fueron días difíciles para ella y Ayrén, su hija. Lejos de los afectos y en una situación completamente desconocida, sobrellevaron las dificultades y hoy son parte del grupo de personas que ya fueron dadas de alta.

“Lo más difícil fue que mi hijo estaba igual que yo pero en otro lado. El encierro y todo lo que implica causa angustia por no estar cerca. Hay días que te levantás mal, pero hay que seguir adelante’’, explica Silvina a Río Negro, mientras se despide del personal de salud que las acompañó en el proceso de aislamiento.

El lobby del hotel Huemul, que en su momento albergó a miles de turistas, delegaciones, políticos, empresarios y gente de otros menesteres, hoy tiene estrictas medidas de seguridad e higiene.

La recepcionista ocupa su lugar pero no tiene contacto con los enfermeros del López Lima, cuya tarea se mudó de lugar.

Hay un policía asignado por turno, ya que no se permite la salida de nadie sin haber recibido el alta médica. Además, los allegados que llevan comida, ropa o lo que fuere a los aislados deben pasar primero un filtro de elementos que se hace en el hospital y de allí, si está todo en orden, se llevan las cosas al hotel.

Trabajadores de salud, seguridad y del hotel desarrollando su tarea.

Los encargados de distribuir a los infectados en el alojamiento intentan que las habitaciones más grandes estén integradas por personas de la misma familia para evitar el contacto con otros y darles mayor comodidad a los aislados, que de por sí están pasando una realidad complicada en lo emocional. No está permitido circular por los pasillos, por precaución deben permanecer en las habitaciones mientras dure su estadía.

‘Me contagié en mi casa, estábamos haciendo un aislamiento preventivo y una persona, que es como un hijo para mi, se quedó en casa porque no tenía donde ir y nos contagió. Uno piensa que en su casa no le va a pasar, pero puede pasar en todos lados’’, comenta Silvina.

El ascensor es una de las herramientas más utilizadas en un hotel que tiene varios pisos. En este contexto, es útil para subir la comida para los aislados que se están recuperando. Arriba, un enfermero recibe las viandas y distribuye. En ese contacto visual, se establece un diálogo que tiene dos objetivos: hacer el seguimiento del estado de salud y que los pacientes vean una cara ‘‘amiga’’ que los contiene. Una ingeniería adaptada a los tiempos que corren.

‘A quienes no han pasado por esto le digo que se cuiden, esto no es broma. Los días que estuvimos mal la pasamos muy feo y no me quiero imaginar la gente que está peor que nosotros. Cuídense de verdad porque es feo’’, finaliza Silvina, luego de saludar a los enfermeros y antes de volver a casa.

Se ponen en juego las emociones de todos

‘Hay mucha charla y acompañamiento, porque la situación no es fácil. Hay mucho de lo emocional en los pacientes y en nosotros también’’, cuenta Silvina, trabajadora de salud.

‘‘Tratamos de darle esperanza y que los días se hagan lo más ameno posible. Esto es difícil para todos, espero que la gente tome conciencia y sepa la importancia de cuidarnos todos’’, relata Santiago.

Compañeros de trabajo y pareja

Él es enfermero y trabaja en el hospital Francisco López Lima de Roca. Silvina es parte del equipo de cuidados paliativos de la institución, pero en esta circunstancia ambos comparten espacio de trabajo.

Son pareja y desarrollan su tarea atendiendo a pacientes con covid-19 en el hotel Huemul, acompañándolos en el día a día.

Su rutina comienza a la mañana, cuando dan las altas a la gente que regresa a su casa y luego reciben a quienes dieron positivo tras pasar la evaluación médica en el hospital.

‘‘Los acompañamos a las habitaciones y damos las pautas a cumplir en el hotel donde atraviesan el aislamiento. Hacemos un control constante para que estén bien, por las dudas que haya un caso que requiera atención médica’’, comentan.

Una tarea fundamental en la primera línea donde todos los días hay situaciones para resolver. Mientras ellos relatan sus vivencia, las emociones que están en juego se notan en sus ojos.