La actividad física después de los 65: clave para la autosuficiencia

Una vida activa es fundamental para conservar una condición física saludable. Es importante adoptar hábitos que permitan mantener una condición óptima.

Al hablar de una condición física saludable es relevante aclarar desde que concepto partiremos para fundamentar esta afirmación. La Organización Mundial de la Salud, encargada de regular los aspectos sociales relacionados con la prevención y tratamientos de enfermedades no transmisibles afirma que: “es el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de enfermedad”

Por lo tanto y más en edades adultas, la práctica de actividad física debe estar como un factor constante y presente a diario.

¿Por qué realizar actividad física en esta etapa de la vida?

Con el paso del tiempo, el adulto mayor que no está manteniendo una vida activa por distintas limitaciones, comienza a presentar dependencia en el día a día, ya que ciertamente el ritmo habitual que estaba acostumbrado a llevar se ve afectado por las consecuencias del envejecimiento. Tanto su rapidez como agilidad no son las mismas y comienza a sentir inestabilidad.

Sin embargo, estas limitaciones no son determinantes para que la persona no pueda seguir con la rutina diaria y siga manteniendo esa independencia social. En el grado de sus posibilidades lo más recomendable es que continúen realizando sus actividades cotidianas.

El ejercicio físico en las personas mayores de 65 años presenta múltiples ventajas, no solo a nivel físico si no también emocional. El poder realizar una actividad les permitirá afrontar esta etapa de cambios degenerativos y respetar la continuidad de las mismas le dará esa independencia que necesita.

El ejercicio físico es fundamental para que las personas mayores conserven su movilidad y sobre todo para que ésta no sea modificada con el paso del tiempo. Mantener en óptimas condiciones los rangos articulares a través del constante trabajo controlado, no solo favorecerá la flexibilidad en los desplazamientos de la persona, sino que además será un determinante para la prevención de futuras lesiones.

A continuación citaremos los beneficios de la actividad física en el adulto mayor.

  • Presentan menores tasas de mortalidad por cardiopatía coronaria, hipertensión, accidentes cerebrovasculares, diabetes de tipo 2, cáncer de colon y de mama, y depresión, un mejor funcionamiento de sus sistemas cardiorrespiratorio y muscular, y una composición corporal.
  • Tienen un perfil de biomarcadores más favorable para la prevención de las enfermedades cardiovasculares, la diabetes de tipo 2 y la mejora de la salud ósea.
  • Presentan una mayor salud funcional, un menor riesgo de caídas, unas funciones cognitivas mejor conservadas, y un menor riesgo de limitaciones funcionales moderadas y graves.

¿Qué clase de actividad física se debe realizar?

Para los adultos de este grupo de edades, la actividad física consiste en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (por ejemplo, paseos caminando o en bicicleta), actividades ocupacionales (cuando la persona todavía desempeña actividad laboral), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias.

Estas directrices son válidas para todos los adultos sanos de más de 65 años. También se aplican a las personas de esas edades con enfermedades no transmisibles (ENT) crónicas. Es recomendable realizar actividad regulada, adaptada, planificada y supervisada por profesionales de la actividad física, en este caso profesores de educación física o licenciados.

¿Cuánto tiempo es el recomendable?

Los adultos mayores pueden acumular un total de 150 minutos semanales de diversas maneras. El concepto de acumulación hace referencia a la meta de totalizar 150 minutos de actividad a base de intervalos de al menos 10 minutos cada uno a lo largo de la semana, por ejemplo, realizando 30 minutos de actividad de intensidad moderada cinco veces a la semana.

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